Este miércoles se juramentó el Grupo de Amistad Parlamentaria de Venezuela con Estados Unidos. Otro hecho significativo que acerca a estos dos países
Opinión.- Continúan los encuentros binacionales entre Venezuela y EE.UU, quizás marcados al principio por un hecho sobrevenido que nadie imaginó pudo ocurrir, como lo fue el 3 de enero.
Relaciones que nunca debieron romperse entre dos naciones hermanas, que desde la época de la independencia venezolana, mantuvieron acercamientos para beneficios mutuos.
Este miércoles se juramentó el Grupo de Amistad Parlamentaria de Venezuela con Estados Unidos. Otro hecho significativo que acerca a estos dos países. Este grupo sustituye, por decirlo así, al Grupo Boston, de iguales características. Tiene por objeto el acercamiento con congresistas de los Estados Unidos para tratar temas diversos, comercio exterior, petróleo, migración, educación, salud, diplomacia entre ambas naciones.
La reanudación de relaciones bilaterales entre Venezuela y Estados Unidos se da en un marco pragmático: Washington busca seguridad energética y reducción de precios ante la crisis del medio oriente; Caracas mientras busca alivio de sanciones, acceso a mercados y normalizar la economía. Han habido pasos concretos, como lo es la reapertura de embajadas, diálogo gubernamental, liberación parcial de activos y flexibilización de sanciones sectoriales, condicionadas a compromisos políticos y transparencia. Esto abre oportunidades, pero también riesgos políticos y competencia geopolítica (China, Rusia). Ahora, este nuevo paso con la creación de este grupo parlamentario.
Se busca con todo esto un aumento de las exportaciones petroleras y mejores precios por mayor acceso a mercados y servicios. Mayor entrada de divisas y posibilidad de inversión en infraestructura energética. Competencia en el mercado regional: los clientes buscan estabilidad y garantías contractuales. Por supuesto, esto no viene solo; está acompañado de presión interna para reformas y exigencia internacional sobre gobernanza y derechos. De allí surgen las leyes recientemente aprobadas como la reforma de la Ley de Hidrocarburos, de Minas y de Amnistía.
¿Que esperamos? Evitar el riesgo de la dependencia de ingresos petroleros sin diversificar la economía. Necesitamos expandir las exportaciones no petroleras y, para ello, necesitamos reactivar todo el aparato agroindustrial y tecnológico venezolano. Tarea nada fácil por el deterioro durante 26 años de revolución.
Sin embargo, esta apertura de relaciones binacionales nos abre las puertas a cinco estrategias favorables para el comercio del petróleo venezolano. Diversificar compradores, no depender de un solo mercado. Buscar clientes en Asia, Europa y latinoamericana, utilizando rutas alternativas y contratos flexibles para reducir riesgos. Alianzas con empresas internacionales. Atraer socios técnicos y financieros (incluidas empresas norteamericanas y europeas), para levantar producción, modernizar refinerías y compartir riesgo legal. Cumplir y certificar transparencia comercial implementando estándares de trazabilidad, facturación clara y auditorías internacionales para reconstruir confianza y facilitar seguros y financiamiento. Invertir en reparación rápida de refinerías, almacenamiento y flota petrolera para garantizar calidad, reducir costos y ofrecer entregas inmediatas. Vender no solo crudo sino productos refinados, combustibles limpios y certificados para atraer compradores preocupados por la sostenibilidad.
La reapertura ofrece una ventana real para recuperar ingresos y estabilidad, pero requiere decisiones técnicas y políticas alineadas: diversificar mercados, atraer socios, mejorar la transparencia y modernizar la cadena productiva. Sin estas medidas, las ganancias económicas pueden ser temporales.
Finalmente, queremos señalar dos períodos importantes desde el nacimiento de la democracia venezolana en estas relaciones. A saber: el período 1945–1958 —conocido como Trienio Adeco— donde hubo relaciones pragmáticas durante ese tiempo y la dictadura con transición democrática; apoyo económico y seguridad anticomunista en la Guerra Fría. Y el de 1958–1998 con cooperación política y energética intermitente, con períodos de acercamiento y tensiones por políticas internas. En estos dos períodos ocurrieron varios hechos que tensaron las relaciones binacionales: el cincuenta y cinco petrolero, la creación de la Opep y la nacionalización del hierro y el petróleo. Iniciamos una nueva era, veremos que pasa, apostamos al crecimiento del país y al respeto de su soberanía.
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