San Agustín, caminando por una playa, razonaba sobre este gran misterio y vio a un niño que recogía agua del mar para colocarla en un hoyito que había abierto en la arena y le preguntaba qué estaba haciendo
Opinión.- La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros (2 Cor. 13, 14).
Eso nos lo dice el sacerdote al comenzar cada santa misa.
Dios es uno solo, pero son tres personas. Eso es un misterio, se nos dice al aprender el catecismo. Y un misterio no lo podemos entender. Y, aunque no lo entendamos, debemos creerlo.
San Agustín, caminando por una playa, razonaba sobre este gran misterio y vio a un niño que recogía agua del mar para colocarla en un hoyito que había abierto en la arena y le preguntaba qué estaba haciendo. El niño le dice que estaba tratando de meter el mar en el hoyito. San Agustín trata de convencer al niño de que eso es imposible, a lo que el niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y con estas palabras el “niño” desapareció. Nuestro intelecto es limitado para tratar de explicarse verdades infinitas como el misterio de la Santísima Trinidad. Un misterio en el que está encerrada la esencia misma de Dios.
Aunque el nombre de Trinidad no está en la Biblia, Dios sí se nos ha revelado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Tres personas distintas, pero un mismo Dios.
La Santísima Trinidad está cerca de nosotros y dentro de nosotros cuando estamos en gracia. Así que debemos tratar de conocer y relacionarnos con los tres.
El Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a Él. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).
El Espíritu Santo desea santificarnos y hacernos más semejantes al Hijo. ¿Cómo? Haciéndonos perceptivos, dóciles y obedientes a sus inspiraciones. Así, Él nos va llevando a conocer, a aceptar ya hacer la voluntad de Dios. De eso se trata la santidad. Ese es el trabajo del Espíritu Santo y Él lo hace en todo aquel que se deja santificar por Él.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros (2 Cor. 13, 14). Eso nos lo dice el sacerdote al comenzar cada santa misa. Esta frase explica cómo debe ser nuestra relación con la Santísima Trinidad.