Isabel Vidal de Tenreiro: Cómo oír al Espíritu Santo
Opinión

Isabel Vidal de Tenreiro: Cómo oír al Espíritu Santo

Su labor es imperceptible, pero de que la hace, la hace. Pero hay que colaborar con Él, pues si no colaboramos, el Espíritu Santo no puede hacer su labor
23 de mayo de 2026
Opinión.- Para que el Espíritu Santo pueda santificarnos, hay que oírlo.

El “audífono” es la oración perseverante, frecuente, con entusiasmo, unidos a la Santísima Virgen María.

¡Ven, Espíritu Santo!

El Espíritu Santo es Dios presente en el mundo. Y asiste a los seres humanos en muchas cosas. Quizá la principal sea hacernos santos. ¡Menuda tarea la del Espíritu Santo!
 
Y ¿cómo nos va santificando? Su labor es imperceptible, pero de que la hace, la hace. Pero hay que colaborar con Él, pues si no colaboramos, el Espíritu Santo no puede hacer su labor.
 
Cual suave brisa (Jn. 3, 8), nos va inspirando para llevarnos y mantenernos en el camino de la santidad, por lo tanto debemos estar atentos a sus suaves inspiraciones.
 
Pero ¡hay tanto ruido para oírlas! Debemos buscar momentos de silencio. Y al oírlas, hay que ser dóciles a esas sugerencias, para poder andar por esta vida guiados por Él.
 
El Espíritu Santo es nuestro Maestro. Eso nos lo dijo Jesucristo: “Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora. Pero cuando venga El, el espíritu de la verdad, El los llevará a la verdad plena... El les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho” (Jn. 16, 12 y 14, 26).
 
El Espíritu Santo nos lleva a conocer y a aceptar el mensaje de Cristo en su totalidad: nos lleva a la verdad plena.

Antes de Pentecostés vemos a los Apóstoles temerosos y tímidos, torpes para comprender las escrituras y las enseñanzas de Jesús.
 
Luego de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, se lanzaron a predicar sin ningún temor. Comenzaron a llamar a todos a la conversión, bautizaban a los que acogían el mensaje de Jesucristo Salvador. Formaron discípulos, organizaban comunidades, asistían a los necesitados. Y esos mismos que se escondieron de los que mataron a Jesús, aceptaron después ser mártires. ¿Qué causó toda esta transformación? El Espíritu Santo.
 
Los Apóstoles antes de la venida del Espíritu Santo: “perseveraban en la oración con un mismo espíritu... en compañía de María, la madre de Jesús... Acudían diariamente al templo con mucho entusiasmo” (Hech. 1, 12-14 y 2, 46).
 
Para que el Espíritu Santo pueda santificarnos, hay que oírlo. El “audífono” es la oración: oración perseverante, frecuente, con entusiasmo, con la Santísima Virgen María.

¡Ven, Espíritu Santo!  
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde