Fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando Ludwig Johann Ferdinand Glöcker, un alemán que ya había conocido Venezuela desde 1830, decide promover una inmigración de campesinos alemanes a Venezuela
Opinión. - En Guataparo, en los espacios de la antigua hacienda de la empresa ganadera británica Lancashire (popularmente recordada como la compañía inglesa), que hoy se conoce como Hato Royal, hace más de ciento cincuenta años se fundó un pequeño poblado por colonos alemanes a pocos kilómetros del centro de Valencia. Debió ser como una pequeña Colonia Tovar, pero en un clima más cálido.
Fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando Ludwig Johann Ferdinand Glöcker, un alemán que ya había conocido Venezuela desde 1830, decide promover una inmigración de campesinos alemanes a Venezuela. Glöcker había vivido en San Esteban, Puerto Cabello, y conocía el país por su trabajo como agente aduanero.
Glöcker había comprado dos haciendas al oeste de Valencia, en Guataparo, llamadas La Fundación y Carrizal, a donde llegaron los inmigrantes germanos en número no determinado. Lo cierto es que allí fomentaron un pueblito, con su gran plaza central y varias casas en derredor. La casa del dueño era majestuosa y la dejó plasmada para la posterioridad el famoso pintor alemán Anton Göring, en 1869. En su obra se ve la soberbia casa con techos de tejas a dos aguas y con altos muros y una pieza en el segundo piso con su balcón donde ondeaba el pabellón azul, blanco y rojo de Alemania en tiempos pasados. Se observa el trillado del café y varios sirvientes cargando mulas con el grano, todo en un ambiente de una exuberante vegetación, que tanto embrujaba a los europeos.
Visitantes de la hacienda, luego de limpiar un poco la maleza, han descubierto los restos de las edificaciones del caserío donde quedan los despojos de algunas casas con gruesas paredes de piedra, distintas a las de bahareque o tapias que vemos en las antiguas construcciones de otros lugares de Venezuela.
Fuera del pequeño poblado, encontramos una doble hilera de árboles de mango que nos llevan al cementerio, que estuvo protegido por un pequeño cercado, que vigilalas tumbas del ganado. Allí vemos una cruz lobulada o cruz trebolada, de metal fundido, muy común en la arquitectura funeraria de finales del siglo XIX, caracterizada por tener los extremos de sus brazos rematados en una forma circular o de tres lóbulos, asemejando la hoja de un trébol. En el simbolismo cristiano, estos remates redondeados representan a la Santísima Trinidad.
En el travesaño horizontal, la inscripción “L. Glöcker 1872.” Se refiere al fundador que inauguró el único cementerio protestante de Valencia. En efecto, su hijo Fernando Glöcker, al año siguiente de la muerte de su padre, obtuvo permiso del presidente del estado para establecer en su hacienda un cementerio para los no-católicos que trabajaban en la finca. Luego se fueron enterrando otros germanos protestantes que iban falleciendo; entre ellos, el joven M.A. Romer, hijo de Miguel Angel Romsd Wyss, el fundador de la estirpe Romer en Venezuela, fallecido de tuberculosis en 1886. Los padres del muchacho enfermo consiguieron con el dueño de la hacienda que al joven se le permitiera vivir en una pequeña residencia, alejado del poblado, para tratar de recuperarse con un clima más benigno que el de Puerto Cabello.
Pero en aquella Venezuela rural y atrasada eran comunes las epidemias y, a finales del siglo XIX, una peste llegó al caserío. Algunos dicen que fiebre amarilla, pero pudo ser paludismo, cólera, viruela o algún otro virus. Lo cierto es que la epidemia acabó con casi todos los pobladores y el lugar se despobló y quedó abandonado. Cuentan que en la ruta que por las montañas conecta Guataparo con Chirgua, cada cierto trecho se pueden encontrar algunas tumbas, supuestamente de los que iban abandonando La Fundación, buscando salvarse en otro lugar.
Apenas en tiempos recientes se ha iniciado la restauración de este histórico cementerio y se están conociendo las ruinas del caserío “La Fundación”, el primer y único pueblo alemán de Valencia.
Hanns Dieter Elschnig entrevistó para su libro “Cementerios en Venezuela” a la señora Betsy Schierenberg de Rötter, descendiente de aquellos colonos de mediados del siglo XIX, quien le contó varios de los detalles que aquí reproducimos.
@luishmedinac