Daniel Asuaje: L. J. Oropeza y la riqueza posible
Opinión

Daniel Asuaje: L. J. Oropeza y la riqueza posible

La democracia innecesaria examina la fragilidad de nuestra institucionalidad y la tendencia histórica a considerar la democracia como un adorno prescindible frente a soluciones autoritarias o mesiánicas
14 de mayo de 2026
Opinión.- Durante la semana pasada un grupo de barquisimetanos nos reunimos, con el apoyo de Decode y de las universidades Centro Occidental Lisandro Alvarado (UCLA) y Fermín Toro (FT), para promover la difusión del pensamiento de Luis José Oropeza. Aunque fue un destacado empresario y político larense formado en la UCV y con estudios en la London School of Economics, Edimburgo y Harvard, su obra intelectual permaneció, durante años, en un discreto segundo plano, casi clandestina para el gran público. Redescubrirla ha sido, para muchos de nosotros, una revelación.

Confieso que para mí fue una sorpresa encontrarme con tres de sus libros, facilitados por el jurista Jairo García Méndez, que ofrecen una exploración crítica y rigurosa de la historia política, económica y cultural venezolana. Estas obras dialogan entre sí y permiten reconstruir, con una mirada lúcida, los mitos, tensiones y contradicciones que han marcado nuestro devenir nacional. La experiencia de compartir durante una semana estas reflexiones con empresarios, dirigentes políticos, comunicadores y miembros de la sociedad civil fue enriquecedora; pero nada resultó tan estimulante como el encuentro con los estudiantes de la UCLA, cuyo interés confirmó la vigencia de las preguntas que atraviesan la obra de Oropeza. Especial mención merecen, en este empeño difusor, los esfuerzos de Jairo García M. y de Jorge E. Ramírez.

En Rómulo frente a Fidel, el autor revisita la confrontación entre Betancourt y Castro para mostrar que aquel choque no pertenece al archivo del pasado, sino que inaugura una disputa que sigue definiendo el mapa político del continente. Betancourt comprendió temprano que la revolución cubana no buscaba liberar, sino sustituir una tiranía por otra, y respondió con una doctrina que defendía la democracia mediante el aislamiento de las dictaduras, la acción colectiva hemisférica y el rechazo al intervencionismo unilateral. Esa arquitectura conceptual, nacida en plena Guerra Fría, adquiere nueva relevancia en un siglo XXI marcado por dos amenazas convergentes: el autoritarismo populista que mantiene el rito electoral mientras vacía las instituciones, y un tecnoautoritarismo emergente que promete eficiencia algorítmica a costa de la libertad individual. Ambos comparten el mismo desprecio por los contrapesos democráticos y por la noción de ciudadanía activa. Oropeza recuerda que la democracia no se derrumba de golpe, sino cuando deja de producir bienestar y baja la guardia frente a la seducción de los autoritarismos “eficientes”.

En Venezuela: fábula de una riqueza, Oropeza continúa su indagación sobre los mitos fundacionales, esta vez centrado en la idea de la riqueza venezolana como destino manifiesto. Recorre la persistente ilusión de abundancia —desde la leyenda del Dorado, hasta la economía petrolera— y muestra cómo esta narrativa ha moldeado comportamientos sociales, estructuras económicas y decisiones políticas. Con un tono crítico, desmonta la falacia del mercantilismo y el peso histórico de los llamados “grandes cacaos”, revelando cómo la promesa de riqueza fácil ha sido tanto motor como lastre en nuestra historia. Es, en el fondo, una reflexión sobre la relación entre trabajo, productividad y expectativas nacionales, mediada por mitos compartidos por ciudadanos y élites por igual.

Finalmente, la democracia innecesaria examina la fragilidad de nuestra institucionalidad y la tendencia histórica a considerar la democracia como un adorno prescindible frente a soluciones autoritarias o mesiánicas. Oropeza muestra cómo las élites privilegiaron la formalidad democrática y la lucha contra el autoritarismo por encima del desarrollo económico y la modernización, ignorando la advertencia de Betancourt: la democracia solo sería perdurable si resolvía de manera eficiente las necesidades de la población. El resultado fue una cultura política que subestimó la importancia de las instituciones y abrió espacio para la erosión progresiva del sistema republicano.

Estos tres ensayos, que dialogan entre sí con notable coherencia, ofrecen claves para entender el camino que nos condujo a la crisis, pero también herramientas conceptuales para imaginar una salida. En un país donde los mitos, las expectativas desmesuradas y la desconfianza hacia las instituciones han marcado el rumbo, la obra de Oropeza nos recuerda la frase de Santayana: “quienes no pueden recordar su pasado están condenados a repetirlo”. La lectura de LJO recuerda otro gran libro: “Venezuela, una ilusión de armonía”, de M. Naim y R. Piñango.

Es hora de extraer las enseñanzas que la reflexión y experiencia de LJO pueden darnos; en especial, la urgencia de desmontar los espejismos que nos han extraviado y de reconstruir el país desde una noción realista de democracia, productividad y riqueza. Venezuela no saldrá adelante por inercia ni por milagro, sino por el trabajo que genera valor y sostiene instituciones.

@AsuajeGuedez
asuajeguedezd@gmail.com

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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde