“Está poniendo mucho esmero en ese modelo”
Opinión.- Por ser el día la madre, un día muy especial, dejo para ustedes estas dos historias: Cuando el señor estaba creando a las madres, un ángel apareció y le dijo: “Está poniendo mucho esmero en ese modelo” A lo que respondió: “¿Has leído les especificaciones del pedido? Debe ser totalmente lavable, pero sin ser material plástico; debe contener 180 piezas, todas reemplazables; debe vivir sólo con café y sobras; debe besar de manera que cure, desde una pierna rota, hasta un desengaño amoroso y tener seis pares de manos” El ángel hizo un gesto y dijo: “¿Seis pares de manos? Imposible”.
El problema dijo el señor “no son las manos, lo difícil son los tres pares de ojos que requieren las madres; un par para ver a través de la puerta, cuando pregunta, niños ¿Qué están haciendo? aunque sepa la respuesta, otro detrás de la cabeza, que ve lo que no debiera, pero son las cosas que tiene que saber, y por supuesto, otro par de ojos delante para que al mirar a un niño disgustado le diga sin articular palabras, está bien, yo te entiendo y te quiero” “Señor”, dijo el ángel suavemente, “venga a descansar, mañana será otro día” “No puedo”, dijo, “estoy a punto de crear algo tan parecido a mí que ya tengo un modelo que se cura a sí misma cuando se enferma, que puede alimentar a una familia de seis personas con medio kilo de carne molida y es capaz de meter bajo la regadera a un chiquillo de nueve años, pero fuerte. No te imaginas todo lo que puede hacer y lo que puede durar”.
“¿Puede pensar?” dijo el ángel. “No solo pensar, también puede razonar y comprender” acotó el creador. Finalmente, el ángel, se aproximó y pasó un dedo por la mejilla, “tiene una gotera”. “Te advertí, que estaba poniéndole muchas cosas a este modelo, y no es una gotera, es una lagrima”. “¿Para qué?” “Para alegrías, tristezas, desengaños, dolor, soledad y orgullo” “es usted un genio, señor” dijo el ángel. El señor observó sobrio y comentó “yo no puse una lagrima, se hizo sola”. Cuenta una antigua leyenda: Que un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios: “me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra, pero ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy yo? “.
Dios le contesta: “Entre los muchos ángeles, escogí uno para ti, que te estará esperando, él te cuidará”, “Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, y eso me basta para ser feliz”, “Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz”, “y ¿cómo entender cuando la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?”, “Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucho cariño y paciencia te enseñará a hablar”, “¿Y que haré cuando quiera hablar contigo?”, “Tu ángel te juntará las manitos y te enseñará a orar”, “He oído que en la tierra hay hombres malos, ¿Quién me defenderá?” , “Tu ángel te defenderá, a costa de su propia vida”, “Pero estaré triste, porque no te veré más”, “Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo, estaré siempre a tu lado” En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo, y se oían voces terrestres, entonces el niño presuroso repetía suavemente: “Dios mío, ya me voy, dime su nombre, ¿cómo se llama mi ángel? Y Dios contestó “Su nombre no importa, solo tú le dirás MAMÁ”.
Gonzalo Medina Aveledo PhD Ciencias Médicas
Médico Obstetra
Investigador de las emociones maternas
Ig. @armoniafetal