Durante esta ceremonia, el Papa León XIV lavó los pies a los últimos sacerdotes de esta ciudad que ha ordenado y les ha propuesto que "ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, arrodillémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos".
En la homilía, León XIV aseguró que el gesto que se recuerda este día, cuando Jesús se vistió como un esclavo para lavar los pies de los apóstoles, "purifica también nuestra imagen del hombre, pues se percibe poderoso cuando domina, quiere vencer matando a quien es igual a él, se considera grande cuando es temido".
Cada Jueves Santo el Papa Francisco solía hacer el lavado de pies en lugares ligados a la marginación como cárceles o centros de emigrantes para transmitir la cercanía concreta de la Iglesia con quienes atraviesan dificultades. Lavando los pies a los últimos sacerdotes de Roma, León XIV ha preferido subrayar que el modo de ejercer el gobierno en la Iglesia significa actuar al servicio de todos.