El caso salió a la luz en 1998, cuando comenzó a detectarse un número inusual de infecciones de hepatitis C en cuatro hospitales de Valencia, entre ellos, el público La Fe y los privados Casa de Salud, Clínica Quirón y Virgen del Consuelo, donde se confirmó que el foco del brote había sido el propio anestesista, que era portador del virus de la hepatitis C y nunca reconoció los hechos.
En septiembre de 2005 comenzó el macrojuicio por este contagio masivo en el que, dada su magnitud con un sumario que superaba los 22 mil folios y que participaban 153 abogados, fue necesario habilitar una sala especial en la Ciudad de la Justicia de Valencia. Por ella pasaron más de 600 testigos, entre afectados, médicos, directivos de los diferentes hospitales y cargos del Gobierno valenciano.
Durante el juicio se llegó a la conclusión de que el médico se inyectaba parte de las sustancias anestésicas que iba a administrar a los pacientes, y de que lo hacía con la misma aguja.
Asimismo, peritos expertos en genética presentaron los resultados de un informe que demostró, a través de un estudio filogenético, que los virus de hepatitis C de 275 pacientes infectados provenían de un mismo foco, el virus que llevaba el anestesista, al que consideraron la "fuente única".
Según la sentencia, Maeso era "portador del virus de la hepatitis C, del mismo genotipo" que presentaban las víctimas. Se concluyó que "la única forma" en que pudo transmitirlo fue "por vía percutánea o parenteral".
Tras 17 meses de juicio, en 2007 la Audiencia de Valencia condenó al anestesista a mil 933 años de prisión y a la Generalitat al pago de indemnizaciones por más de 20 millones de euros como responsable civil subsidiaria.
La condena fue confirmada en 2009 por el Tribunal Supremo, más de dos décadas después de que se iniciasen los contagios. En su recurso, la defensa de Maeso alegó que se valoraron pruebas "de forma inadecuada" y que se vulneró su presunción de inocencia.