, quien buscaba su reelección.
La ceremonia se realizará el próximo domingo primero de enero, con la participación de delegaciones de unos 120 países, entre ellos 17 jefes de Estado y de gobierno, según informó una fuente oficial.
El equipo de prensa del mandatario entrante brasileño indicó que la investidura presidencial traerá al país “casi tres veces más delegaciones extranjeras de alto nivel que las vistas en la última toma de posesión en 2019”.
Al menos 53 delegaciones extranjeras estarán conformadas por
jefes de Estado y de gobierno, y por
ministros.
En medio de los preparativos, el futuro ministro de justicia de Brasil, Flavio Dino, aseguró que se reforzará la seguridad debido a las recientes amenazas de bomba que se han registrado en varias regiones del país.
“La toma de posesión del presidente Lula tendrá lugar en paz. Todos los procedimientos serán reevaluados, con miras a fortalecer la seguridad. Y se intensificará la lucha contra los terroristas y los alborotadores. La democracia ha ganado y ganará”, indicó.
En las últimas semanas se han registrado varias detenciones e incautaciones de material explosivo que involucran a seguidores del presidente Jair Bolsonaro, que según las autoridades tienen como objetivo impedir la posesión de Lula.
“Los graves hechos ocurridos ayer en Brasilia prueban que los llamados campamentos ‘patrióticos’ se han convertido en incubadoras de terroristas. Se están tomando medidas y se ampliarán lo más rápido posible. El armamentismo genera otras degeneraciones. Superarlo es una prioridad”, aseguró Dino.
Por su parte, el Lula aseguró a través de su cuenta de Twitter que, a partir del día uno, comenzarán a trabajar y no tendrán descanso por los próximos cuatro años. "Cuando acabe nuestro mandato, vamos a haber sido eficientes para la gente, especialmente para los que más lo necesitan" expresó.
Anteriormente, Lula habría comentado que, con su nuevo gobierno, se abre una nueva página para Brasil, con "más democracia y derechos para el pueblo brasileño".