"Podemos identificarnos unos con otros, escucharnos y hacernos amigos, entre personas, y, por tanto, también entre pueblos. Antes que las fronteras, las definiciones y las instituciones, siempre están las personas", subrayó León XIV.
En este sentido, recordó que "la paz la custodian y la difunden personas a las que les gusta reunirse y que no temen el diálogo".
León XIV advirtió asimismo contra la lógica de la confrontación y defendió la misericordia como respuesta al mal: "Seguir a Jesucristo después de las tragedias y los nuevos comienzos del siglo XX implica, de hecho, una conciencia lúcida: el mal no se combate con el mal".
Frente al "falso realismo" que, según el pontífice, "rearma las mentes, las palabras y las naciones", León XIV dijo que la cultura católica debe oponer "el realismo de la misericordia, según el cual no pueden existir enemigos y todos, incluso los adversarios, son hermanos y hermanas a quienes mirar a los ojos y con quienes encontrarse en la verdad".
En esta línea, reclamó purificar "los pensamientos, los intereses, los hábitos, las relaciones, los proyectos, las inversiones —cada aspecto de la vida—" contaminados por "la cultura del poder".
"Liberemos, pues, la convivencia de la desconfianza, la cultura de la prepotencia, la educación de la ideología, el trabajo de la idolatría del lucro, y la tecnología y las finanzas de los negocios de la muerte", añadió.
Y pidió: "Empezando por las organizaciones que hemos creado y en las que trabajamos, desenmascaremos las relaciones injustas de poder, que son la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los desastres medioambientales".
También llamó a "desarmar" el desarrollo tecnológico "cuando se vuelve omnipresente y destructivo", y animó a no dejar que el cansancio y la desesperación marquen el futuro.
"Que no haya sólo quienes aviven el fuego del cansancio y la desesperación; ¡que haya también quienes reaviven los sueños y las visiones!", exhortó.
Para León XIV, ambos caminos son incompatibles: "Uno se aprovecha de la división, la alienación y la desesperación, mientras que el otro está al servicio del Reino de Dios y de su justicia".