“Le dijeron que no debía vivir más allá de los 20 años”, contó la hermana menor de Lillard, Cindy McVey, a The Associated Press el viernes. “Ella tenía el entusiasmo y el impulso para seguir viviendo y sacar el mejor provecho de su vida”.
McVey atribuye la muerte de su hermana a los efectos del covid-19 prolongado. El certificado de defunción señala como causas la insuficiencia pulmonar crónica y el síndrome pospolio, dijo McVey.
Lillard dormía en el cilindro del pulmón de acero que envolvía su cuerpo, mientras la presión del aire en la cámara forzaba el aire a entrar y salir de sus pulmones. De niña, iba a la escuela primaria dos horas al día y el resto del tiempo recibía clases particulares. Asistió a la escuela secundaria Shawnee usando un sistema telefónico que le permitía interactuar con sus maestros y compañeros a través de un intercomunicador en sus aulas.
Su familia viajaba por carretera a Missouri gracias a un remolque personalizado y a que su padre llamaba a los hoteles para averiguar si tenían puertas lo suficientemente anchas para acomodar la máquina en la que Lillard dormía. Incluso pudo conducir durante un tiempo.
“Para mí, era simplemente normal”, recordó McVey, de 75 años.
La polio fue una vez una de las enfermedades más temidas del país, con brotes anuales que causaban miles de casos de parálisis. La enfermedad afecta principalmente a los niños.
Las vacunas estuvieron disponibles a partir de 1955. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), una campaña nacional de vacunación redujo el número anual de casos en el país a menos de 100 en la década de 1960 y a menos de 10 en la de 1970. En 1979, la polio fue declarada eliminada en EE.UU., lo que significa que ya no se propagaba de manera rutinaria.