La agenda prevista de visita incluye el jueves una reunión bilateral con el presidente chino, Xi Jinping, una visita al Templo del Cielo y un banquete de Estado, así como un almuerzo de trabajo el viernes. Se espera que Trump y Xi intenten estabilizar las relaciones entre sus países mediante acuerdos mutuamente beneficiosos y que traten de reducir las tensiones en una serie de cuestiones de la agenda internacional en las que sus posiciones divergen.
¿Qué hay sobre la mesa?
No se ha anunciado oficialmente qué temas debatirán los dos líderes, pero tanto desde el lado chino como desde el estadounidense se barajan algunas hipótesis sobre lo que se incluirá en la agenda de las conversaciones.
Así, los funcionarios estadounidenses afirman que se debatirán los temas que ellos han denominado "Las cinco B". Este quinteto incluye las compras chinas de aviones Boeing, carne de vacuno y soja estadounidenses, así como la creación de un consejo de inversión y uno de comercio, ambos organismos destinados a facilitar el comercio entre ambos países. Al mismo tiempo, la parte china considera que las negociaciones se centrarán en las "Tres T", que incluyen los aranceles, las tecnologías y la cuestión de Taiwán.
Irán y petróleo
Se prevé que uno de los temas de las conversaciones sea la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán y sus implicaciones para el comercio mundial y el mercado energético, que se encuentra en crisis como consecuencia del bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Teherán.
Un funcionario estadounidense señaló que Trump intentará presionar a China para que utilice su influencia con Irán y lo convenza de abrir la crucial ruta marítima y alcanzar un acuerdo de paz con Washington.
En este contexto, también podrían abordarse las sanciones estadounidenses contra las compañías petroleras chinas acusadas de comprar petróleo iraní, cuyo cumplimiento China ha prohibido. Al inicio de mayo el Ministerio de Comercio de China destacó que el país asiático "siempre se ha opuesto a las sanciones unilaterales que carecen de autorización de la ONU o de fundamento en el derecho internacional".
Comercio
En esta visita, Trump irá acompañado de los directores ejecutivos de más de una decena de las mayores empresas estadounidenses, entre las que se encuentran Apple, Cisco, Tesla, Goldman Sachs, Mastercard, Visa, Blackrock y otras. Entre ellos también se encontrará el director ejecutivo de Boeing, Kelly Ortberg, quien, según se espera, intentará cerrar un acuerdo con las aerolíneas chinas para la compra de unos 500 aviones 737 MAX, así como de decenas de otros modelos de aviones, en una operación que podría alcanzar decenas de miles de millones de dólares.
Otro tema de gran importancia será probablemente la exportación de elementos de tierras raras, que China restringió en respuesta a los aranceles de Trump. A finales de 2025, Washington y Pekín alcanzaron una tregua comercial preliminar, en virtud de la cual los aranceles estadounidenses se redujeron del 145 % al 19-24 %, y China reanudó la exportación de elementos de tierras raras. No obstante, la vigencia de este acuerdo finaliza en noviembre.
Los analistas declararon a The Guardian que, en las negociaciones, Pekín tratará de prorrogar la tregua comercial vigente, mantener el acceso a las tecnologías estadounidenses y detener o revocar el endurecimiento de los controles de exportación de EE.UU. A cambio, podrían ofrecerse inversiones en la economía estadounidense, acuerdos con empresas o un acuerdo comercial estable a largo plazo sobre el suministro de minerales de tierras raras, que constituiría una licencia general para el acceso del país norteamericano a elementos de tierras raras y a imanes de tierras raras, con la condición de que no se utilicen con fines militares.
Taiwán
Trump y Xi también tendrán que hablar sobre la cuestión de Taiwán, que se autogobierna con una administración propia desde 1949, mientras que China la considera como parte irrenunciable de su territorio y la mayoría de los países, incluida Rusia, reconocen la isla como parte integral de la República Popular China.
En vísperas de la visita, Pekín ha señalado que Taiwán sigue siendo un tema prioritario en sus relaciones con Washington. "La cuestión de Taiwán afecta a los intereses fundamentales de China y constituye la primera línea roja que no se puede traspasar en las relaciones entre China y Estados Unidos", declaró el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores del gigante asiático, Lin Jian.
Algunos expertos han destacado que China podría insistir en que la Administración de Trump modifique su retórica oficial respecto a Taiwán, manifestando su oposición a la independencia de la isla. Funcionarios estadounidenses, entre ellos Mira Rapp-Hooper, que fue la principal asesora de la Casa Blanca para la región durante la presidencia de Joe Biden, indicaron que un cambio de este tipo en la retórica es poco probable, aunque no descartaron la posibilidad de que Trump haga concesiones a Xi en esta cuestión.

¿Qué resultados podrían esperarse?
Los analistas discrepan sobre los posibles resultados de la visita de Trump a China. Así, Drew Thompson, exdirector para China, Taiwán y Mongolia en la Oficina del secretario de Defensa y actualmente investigador en la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur, sostuvo que se muestra "escéptico" respecto a que se alcancen resultados concretos en la reunión. "La probabilidad de que de estas conversaciones surja algo sustancial es prácticamente nula", coincidió con él Allen Carlson, experto en China de la Universidad de Cornell.
Al mismo tiempo, Jonathan Sullivan, director de programas sobre China en el Instituto de Investigación Asiática de la Universidad de Nottingham, aseveró que, de cara a estas negociaciones, China "se encuentra en una posición bastante cómoda", ya que "ha superado la crisis energética mejor de lo que, en mi opinión, muchos esperaban, y observa cómo Estados Unidos se ve arrastrado al caos que ellos mismos han creado".
Además, algunos expertos aseguraron que Trump se encuentra en una posición vulnerable y que incluso el anuncio de que la reunión ha sido un éxito podría provocar, en lugar de una positiva reacción por parte de la opinión pública, solo preguntas sobre qué concesiones ha hecho el mandatario estadounidense para alcanzar un entendimiento con Pekín. "De hecho, creo que una reunión muy positiva y aduladora podría ser, en cierto modo, el peor resultado posible, porque asustaría al resto de la región […] Si Pekín está muy satisfecho con el desarrollo de la reunión, eso probablemente sea una señal preocupante, en cierto modo, para Estados Unidos y nuestra posición de cara al futuro", afirmó Jonathan Czin, exexperto de la CIA en China que ahora trabaja en la Brookings Institution.