La prenda, confeccionada en un delicado crepé de caída fluida, destaca por un suave y envolvente tono azul celeste
Espectáculos.- El Palacio Real de Madrid ha vuelto a engalanarse con sus mejores galas para albergar uno de los encuentros diplomáticos más relevantes del año: la visita de Estado de Emmanuel Macron y la primera dama, Brigitte Macron. En un ambiente donde la tradición, la alta gastronomía y la etiqueta palaciega se entrelazaron a la perfección, los reyes don Felipe VI y doña Letizia ejercieron de anfitriones de excepción durante la solemne cena de gala celebrada en el histórico Comedor de Gala.
Un evento marcado por la complicidad institucional entre ambas naciones y por el majestuoso despliegue de distinción que envolvió cada instante de la velada.
Sin embargo, más allá del trasfondo político y los gestos diplomáticos entre ambos países, todas las miradas de la noche estuvieron puestas en la reina Letizia. La esposa de Felipe VI se convirtió de inmediato en la gran protagonista de la cita gracias a un estilismo deslumbrante que evocaba la magia de los grandes cuentos de hadas. Tras más de diez meses sin diademas ni joyas de pasar en actos de esta envergadura, la reina reapareció en su versión más imponente, captando el interés de los medios nacionales e internacionales desde el momento en que hizo su entrada oficial en los salones de la residencia real.
El resultado fue una lección magistral de elegancia, donde el protocolo más riguroso convivió en perfecta armonía con la frescura de la moda contemporánea. Con un cuidado equilibrio entre el diseño de autor y el incalculable valor histórico del joyero de la Corona española, doña Letizia apostó por esta combinación: un sensacional vestido de gala de estreno firmado por Carolina Herrera en un sugerente tono azul y la recuperación de una de las tiaras más emblemáticas y queridas de la familia real.
Para esta velada tan especial, la reina se decantó por la alta costura al estrenar un impresionante vestido largo de la célebre firma Carolina Herrera. La prenda, confeccionada en un delicado crepé de caída fluida, destaca por un suave y envolvente tono azul celeste denominado por la propia casa de modas como Cloudy Blue. El diseño presenta una silueta ligeramente entallada que estiliza la figura y cae de forma recta hasta el suelo, aportando una soltura y un movimiento extraordinarios al caminar. Sin duda, un corte sofisticado que combinaba la sobriedad requerida para un banquete de Estado con una imagen moderna y refrescante.

Para rematar esta imponente puesta de largo, doña Letizia decidió rescatar del joyero real la célebre
tiara Floral, una de sus piezas preferidas y
más utilizadas a lo largo de su reinado. Esta joya histórica, realizada en platino y engastada con refinados diamantes de talla brillante y perilla, fue elaborada por la mítica casa Mellerio en el siglo XIX.
Regalo de bodas del Gobierno español a la reina Sofía con motivo de su enlace matrimonial en 1962, la diadema es famosa por su gran versatilidad, ya que sus motivos florales pueden desmontarse para lucirse de forma independiente como elegantes broches o incluso como gargantilla, tal y como la llevó la reina emérita en los años previos a su uso como tiara completa.