Reynaldo Armas domina la escena musical y en muchas ocasiones reiteró que su carrera en gran medida se la debe a la semilla sembrada por la maestría y el estilo recio de Montoya, así que su presencia en las exequias no solo representó el duelo de un amigo, sino el reconocimiento público del "General al General".
Tras la partida de Montoya, Reynaldo Armas queda como el custodio principal de un legado que ahora pertenece a la inmortalidad.
En el acto de despedida, el eco de las arpas que alguna vez acompañaron a estos colosos se hicieron presentes, pues Francisco Montoya Parra deja un vacío irreemplazable en el pasaje y el contrapunteo.