Este comportamiento refleja una corrección sostenida en el mercado secundario frente a las proyecciones de mayor flujo de divisas por la flexibilización operacional en el sector hidrocarburos, sumado a la reincorporación de los bonos soberanos y de PDVSA en los índices de liquidez internacional.
La evolución da continuidad a la tendencia descendente observada durante 2025, período en el cual el indicador cayó desde niveles superiores a los 24.900 puntos básicos hasta cerrar cerca de los 12.739.
Especialistas del sector financiero enfatizan que la contracción del sobreprecio demandado por los inversionistas no equivale a una resolución automática del default de la deuda soberana.
El valor de los títulos refleja el apetito especulativo del mercado internacional y las expectativas de recuperación de activos a largo plazo, mientras el país mantiene pendiente la reestructuración formal de sus compromisos financieros externos.
Entre 2023 y 2024, Venezuela presentó un pico de aislamiento y default, cuando el indicador llegó a marcar niveles sobre los 30.000 y hasta un máximo histórico que superó los 56.000 puntos básicos en el EMBI+, reflejando la paralización del financiamiento internacional, el impago acumulado de la deuda externa y la falta de liquidez de los títulos.
En enero de 2025 el riesgo se ubicaba en 24.963 puntos básicos. A lo largo del año inició un descenso progresivo impulsado por la reponderación de bonos venezolanos en los índices globales de JPMorgan y operaciones del mercado secundario, cerrando el año en 12.739 puntos básicos.