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Ivaney Márquez: Una historia de pasión y lucha por el baloncesto femenino
La pequeña Ivaney sólo tenía cinco años cuando Agudo se percató del talento para driblar de su sobrina
20 de noviembre de 2022
Deportes.- Pocas estrellas recuerdan sus inicios con tantos detalles como Ivaney Márquez, una de las deportistas venezolanas más destacadas en la última década, que ha tenido la dicha de sufrir y gozar al máximo, durante al menos 30 años, la disciplina que se apoderó de su ser: la pasión por el baloncesto.

Cuando pasea por su memoria, la mirada de la valenciana se alumbra, sin malgastar esfuerzos en disimular la sonrisa que se apodera de su rostro: la imagen en su cabeza de aquella niña sosteniendo por primera vez entre sus manos un balón de básquet, que aún se mantiene nítida entre todas sus remembranzas.

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Fue en la escuela de su tío, David “El Chivo” Agudo, donde dio sus primeros pasos, con la excusa de ser una niña hiperactiva. “Mi tío fue jugador de la preselección nacional de básquet y había fundado una escuela en el colegio Peñalver y, como a mí me encantaba estar corriendo, tenía demasiada energía, mi mamá accedió a que él me llevara a jugar con los niños. Para ese momento no había niñas”.

La pequeña Ivaney sólo tenía cinco años cuando Agudo se percató del talento para driblar de su sobrina, así que la alentó para seguir jugando en otros espacios hasta que, tres años más tarde, conoció su primer equipo formal. “Participé en los juegos intercursos de mi colegio y me vio un entrenador con contactos en el gimnasio Teodoro Gubaira. Allí me di cuenta que existía una selección carabobeña femenina y que había niñas en una preselección”.

A partir de entonces inició la formación técnica de la atleta que se robaba la atención en cada partido de su entorno. “Recuerdo que nos llamaron a mí y a otras dos compañeras a jugar con las muchachas de la selección infantil, que ya tenían de 13 a 15 años. Empezamos a participar en torneos, a inmiscuirnos en el mundo del básquet y me sentía muy feliz”.

Una familia sin estereotipos

Si algo ayudó a crecer a Ivaney, además de su indudable talento, fue la educación en su hogar. Sus padres nunca dejaron de apoyarla, aun cuando ya había entrado en la preadolescencia y era innegable que la jovencita no jugaba sólo por pasar el rato.
 
“Todavía no me imaginaba jugando profesionalmente, sólo disfrutaba el momento, aunque sí me gustaba muchísimo, al punto que dejaba de salir o cancelaba los planes de vacaciones por ir a entrenar, previo a los torneos, y mi familia me apoyaba en absolutamente todo. Mi mamá y mi papá no sólo lo entendían, sino que se iban conmigo hasta Mérida, Maracay o cualquier sitio donde tuviese juego. Incluso después de divorciados, no se perdían un campeonato. Ellos siempre estuvieron conmigo”, detalló.

Los valores en la casa Márquez también ayudaron a que Ivaney no se sintiera acomplejada por practicar un deporte que durante años fue erróneamente condenado socialmente como exclusivo de varones. “Jamás me dijeron que este o aquel deporte era solo de niños, porque no me inculcaron estereotipos. Y eso que en aquel entonces muchas niñas dejaban de jugar porque se sentían diferentes. Pero mi familia jamás me hizo sentir así. Yo estaba a gusto con lo que hacía”.

Ivaney, la capitana

La alero formó parte de muchos clubes y equipos antes de obtener el título de capitana de la selección nacional de baloncesto femenino, delegación que integró desde que tenía aproximadamente 15 años de edad.

Más adelante recibió una beca deportiva para estudiar Gerencia de Negocios y Finanzas en la Universidad de Ciencias y Artes de Oklahoma, en Estados Unidos, donde pudo jugar en la división I de la Asociación Nacional de Atletismo intercolegial (NAIA, por sus siglas en inglés). “Allí me desligué un poco de la selección venezolana porque cuando había torneos, yo estaba de temporada y no me daban permiso.

En 2012, de regreso en Venezuela, arrancó a trabajar en el área administrativa de una empresa. Un año después recibió una inesperada llamada del veterano entrenador Óscar Silva. “Me pidió que regresara para la selección nacional. Yo me negué porque tenía mucho tiempo sin jugar a ese nivel, además, ya tenía casi 31 años. Pero él insistió e insistió en que fuera un fin de semana a entrenar. Y así pasaron varios fines de semana hasta que me pidió que jugara para selección nacional y que fuera la capitana”.

En menos de un ciclo Olímpico, Venezuela participó en torneos internacionales, dejando en alto el baloncesto femenino criollo. Ecuador, Argentina, España y China. “Fue una buena época para nosotras porque tuvimos muchos juegos de tope que nos permitieron foguearnos con equipos de otro nivel, que tenían ligas establecidas desde hace mucho más tiempo. Incluso, fue la época en que clasificamos por primera vez en la historia para un repechaje olímpico”.

El salto del susto

La otra breve pausa de Ivaney fue en plena pandemia, cuando sus exámenes dieron positivo para Covid-19 y tuvo que pasar el peor susto de su vida. “Venía llegando de Colombia y estuve 21 días en cuarentena. Cuando me sentía bien salí a entrenar y una de las prácticas empecé a sentir que mi pulso y mi corazón no iban al mismo ritmo. Al día siguiente fui al médico y en el ecocardiograma el doctor vio que tenía un saltico: era el pericardio inflamado, algo muy típico en atletas que fueron asintomáticos con Covid”.

Tras múltiples exámenes, el especialista le prohibió hacer ejercicio. Eso significaba que no podía volver a lucirse driblando en la cancha por un tiempo indefinido, tiempo que para la atleta representó un lapso de incertidumbre. “Yo nunca pensé que el básquet se me iba a acabar. Fue un choque, me perdí muchas competencias, pero con el tiempo entendí y aprendí de esta situación. Ahora sé cuál es mi rol hoy en día”.

Después de un largo periodo de recuperación, la capitana regresó a los partidos cumpliendo un tratamiento que deberá asumir de por vida y comenzó a trabajar en uno de los proyectos de mayor auge para el deporte femenino regional: la fundación Cayenas de Carabobo, equipo que actualmente está semifinal de la Superliga Femenina.

Un legado para las niñas carabobeñas

La carabobeña ahora sueña con poder extender su legado a las más pequeñas de la región. “Queremos que las niñas crean en el proceso. Que se puedan ver reflejadas en nosotras y entiendan que el deporte abre muchas puertas, que a través de él se pueden obtener becas para estudiar, formarse, entrenar y ser independientes cuando sean adultas”. 

Ivaney Márquez. 39 años. (17 de marzo de 1983). Es la actual capitana de la selección nacional de baloncesto femenino y líder del equipo debutante Cayenas de Carabobo, donde porta la camiseta número 8. Empezó a jugar a los 5 años, cuando salía de su casa de punta en blanco y regresaba como si un huracán hubiese pasado por ella. Aunque de niña nunca tuvo la estatura predilecta, los entrenadores confiaron en su deslumbrante talento (y en sus manos y pies grandes). Su cuerpo por fin dio un estirón en su aniversario 14 y desde entonces se rumora que no ha dejado de crecer, pese a que el medidor indica que oficialmente su altura se detuvo en 1,81 metros. Además del básquet, le gusta ver películas, siempre y cuando no sean de terror, valora el poco tiempo que pasa en casa, adora el pasticho, los cítricos y la torta marmoleada. (Francis Gabriela Tineo)


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VÍA NT
FUENTE Editoría de Notitarde