Con este triunfo en el Puskás Aréna de Budapest, el conjunto dirigido por Luis Enrique logró la hazaña de revalidar el título continental, consolidando un proyecto que ya domina con puño de hierro el fútbol europeo. Por su parte, el Arsenal de Mikel Arteta se quedó a las puertas de hacer historia y conseguir la primera "Orejona" de su vida institucional.
El encuentro estuvo marcado por el choque de estilos y la tensión digna de una final de este calibre.
Al principio, El Arsenal no tardó en golpear. Apenas al minuto 5, Kai Havertz aprovechó un desajuste defensivo para adelantar a los Gunners e instalar la ilusión en la grada londinense.
Peor, la respuesta parisina fue inminente, pues asumió el control del balón. La recompensa llegó en la segunda mitad, cuando Ousmane Dembélé transformó con total frialdad un penalti que puso el 1-1 definitivo.
Es de destacar que el imponente Puskás Aréna en Budapest, Hungría, que lució un lleno absoluto para una noche histórica.
Nervios de acero en Budapest
Tras una prórroga de puro desgaste físico y respeto mutuo, el campeón de Europa tuvo que decidirse desde los once metros. La presión se apoderó del estadio, pero la experiencia del vigente campeón terminó pesando más.
Aunque las intervenciones clave del guardameta del PSG terminaron por desestabilizar a los cobradores del Arsenal. Sin embargo, fue una definición letal con gran efectividad quirúrgica, los lanzadores del conjunto francés sellaron el 4-3 en la tanda.
"Ganar una Champions es difícil, pero revalidarla demuestra la mentalidad y el hambre de este grupo. Sabíamos sufrir y el fútbol nos ha premiado", declaró un emocionado Luis Enrique al término del encuentro.