¿Por qué aumenta la maldad en el ser humano y qué hacer ante esto?
Ésta se manifiesta más allá de una conducta que podamos apreciar
Valencia.- En los últimos días se ha podido palpar más de cerca hechos de violencia, asesinatos y abusos, realidad que conmociona y aterra a la sociedad, llevando a reflexionar acerca de: ¿Por qué aumenta la maldad en el ser humano? ¿A qué se debe este tipo de conductas y cómo podemos evitar estos patrones?
Ante esta creciente ola de maldad en la sociedad, la psicóloga Albany González explica que la misma “se manifiesta más allá de una conducta que podamos apreciar, está presente en la falta de empatía, el deseo de humillar, dañar o controlar al otro, es más sigilosa de lo que parece; sin embargo, la maldad puede estar presente más cerca de lo que parece".
¿La sociedad puede moldear la conducta de una persona?
‘‘Cuando vemos a personas que cometen algún tipo de delito se debe a que esas personas crecieron en entornos adversos, es decir, negativos o desfavorables. En algunos casos, los traumas y situaciones violentas pueden influir en que un individuo desarrolle una conducta inapropiada o dañina’’, enfatizó González.
En este sentido, la especialista también indica que no existe un gen específico que haga a una persona mala, ya que múltiples factores pueden influir en la maldad de un individuo, aunque existen ciertos rasgos que poseen algunas personas que las hace "malvadas", tales como el egoísmo, el narcicismo, la falta de moral o ética, el maquiavelismo, la psicopatía, el sadismo, colocar sus intereses personales siempre por encima de otros, sin importar las consecuencias que generen en otras personas con sus acciones.
¿Por qué aumenta la maldad en el hombre? ¿Qué hacer
ante esto?
Desde la postura espiritual, el apóstol de la iglesia Vida Cristiana en Valencia, José Rafael Malpica, refirió que hasta ahora la humanidad vive solo de diagnósticos. La ciencia lo único que puede hacer es describir los hechos, pero el por qué de estos acontecimientos se debe a que se ignora la parte espiritual, e ignoramos a Dios. Cabe resaltar que, aparte de este mundo físico que vemos, existe un mundo espiritual que es completamente real.
‘‘No hay causa sin efecto, todo esto que estamos viviendo tiene una raíz, la Biblia precisa en la 2da carta a Timoteo, capítulo 3, que los días serán peores cada vez debido a que la condición del hombre va perdiendo su razón de ser, apartándose de su propósito’’, aseguró el apóstol.
La familia es fundamental en el desarrollo de una sociedad
Malpica indicó que el primer modelo que nos da Dios es la familia, "la raíz de todo lo que se está viviendo últimamente viene cuando el hombre dejó de ser el sacerdote de su casa, cuando éste dejó de ser papá, por lo cual cada vez vemos a generaciones que se levantan sin esa figura’'.
Además, resaltó que Dios es el modelo perfecto de un padre. “ Un papá corrige, disciplina, ama, dirige, es la esencia, la roca, en fin, el padre es el fundamento de la familia. Ciertamente, la mujer es muy importante, pero básicamente cuando el hombre falta hay algo que falla. Cuando el hombre asume el sacerdocio y su rol, las generaciones que se levantan llevan sentido y propósito, pero esto actualmente se ha perdido”, precisó.
En este sentido, aunque resaltó que son múltiples los factores que influyen en que la maldad se aumente en el ser humano, precisó tres recomendaciones para mitigarla de nuestro entorno:
En primera instancia, recordó las palabras de Jesucristo: "sin mí nada pueden hacer" reconociendo esto como un absoluto divino y como el llamado que tiene el ser humano de acercarse al amor de su creador y de su hijo.
En segundo lugar, reconocer nuestras faltas como seres humanos y arrepentirnos, "el problema está en el corazón del hombre".
Y por último y tercer lugar, retomar el orden en la familia, reconstruyendo el compartir y la empatía entre nosotros, cumpliendo el padre su responsabilidad de dar amor y propósito a su esposa, hijos y descendencia, "el verdadero rol del sacerdote en casa".
Para cerrar, resaltó que se puede vivir una vida virtuosa, productiva y recta volviendo nuestra mirada al perdón y al amor de Dios. (Marianny Castillo)