Juan el Bautista representa al hombre firme que no se dejó caer por las presiones de su tiempo
Carabobo.- La unión de la fe y las tradiciones volvió a manifestarse en Borburata tras el cierre litúrgico de la novena en honor a San Juan Bautista Infante. Con un templo repleto de devotos congregados en el emblemático Santuario Santo Cristo de la Salud, la comunidad local asistió con inquebrantable fervor espiritual ante la proximidad de su solemnidad. La jornada religiosa estuvo marcada por la entonación solemne del himno de San Juan Bautista y las plegarias orientadas a pedir su intercesión por las familias borburateñas.
El ciclo preparatorio contó con la presencia de quienes forman parte de la Sociedad de San Juan Bautista, organizadores que custodian e impulsan esta manifestación cultural y religiosa en la localidad. El encuentro estuvo respaldado por su junta directiva y miembros principales, entre ellos el presidente de la Sociedad, Giussepe Torrealba; la tesorera, Maiderlyn Castillo y el secretario de Finanzas, José Luis Rodríguez.
En esta ocasión, Rodríguez fue el encargado de propiciar la reflexión alrededor de la última cita bíblica, enmarcada en Lucas 7, 24-30. Bajo el título “Testimonio de Jesús sobre Juan el Bautista”, la comunidad meditó sobre las palabras de Cristo acerca de la grandeza de su profeta: “¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento?... Les aseguro que no ha nacido un hombre más grande que Juan, y, sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él”. Dicho pasaje sirvió para exhortar a la feligresía a emular la rectitud y la humildad del bautista en su vida diaria.
Además, la reflexión destaca que la misión de Juan el Bautista fue ser el mensajero elegido por Dios para preparar el terreno ante la llegada de Jesús. Su función principal consistió en ser la voz que llamaba a la gente para anunciar la llegada de alguien mucho más grande, logrando que el camino ya estuviera dispuesto y facilitado a través de la conversión y el bautismo en el Jordán. Su figura histórica marca un punto de inflexión en la vida y el cumplimiento de las promesas divinas.