Su mensaje para otros emprendedores es contundente: los límites existen para romperse, pero la calidad no puede negociarse
Carabobo.- César Ortega, el rostro detrás de Cess Patissier, define su emprendimiento no solo como un negocio de postres, sino como una propuesta de innovación técnica y equilibrio sensorial. Es originario de Maracay.
“Mi historia comienza a los ocho años, mientras ayudaba a mi madre con unas clásicas tortas de auyama”, indicó Ortega en una entrevista para la editorial Notitarde.
Raíces dulces y formación integral
Esa experiencia familiar sembró la semilla de una vocación que floreció durante la pandemia. Mientras cursaba Comunicación Social, César comenzó a vender cupcakes y sus famosas “tres leches pulladas” para cubrir gastos universitarios. Sin embargo, su ambición lo llevó más allá: estudió pastelería, repostería y, recientemente, panadería, graduándose como chef integral para, así, dominar desde la masa madre hasta la alta cocina.
La gastronomía como ciencia exacta
Para Ortega, la cocina es una disciplina científica. Hace una clara distinción entre repostería y pastelería, enfocándose en la molecularidad y la precisión. “Mi sello distintivo radica en el uso de ingredientes naturales y a que sustituyo vainillas artificiales por esencias propias, como las de cáscara de las frutas, así como también integro hierbas aromáticas, como romero e hierbabuena”, sostuvo.
El objetivo es crear experiencias no empalagosas, donde las texturas y sabores exploten en el paladar sin necesidad de agua extra. Esta filosofía ha permitido que “Cess Patissier” expanda su alcance más allá de Maracay, ya que también ha llegado a Valencia y San Juan de los Morros con un sistema de delivery confiable que protege la integridad de cada torta, identificable por su distintivo de branding azul.
Inclusión, salud y proyección global
El siguiente gran hito de César es la inclusión social a través del sabor. Está desarrollando una línea “sugar free” apta para celíacos, diseñada con rigor científico y avalada por médicos y nutricionistas para garantizar la seguridad de personas diabéticas. Con ocho años de trayectoria, su mirada está puesta en el exterior: planea viajar a España o Francia para perfeccionarse en pastelería molecular y sin azúcar con el fin de traer esas técnicas de vanguardia a Venezuela.
Su mensaje para otros emprendedores es contundente: los límites existen para romperse, pero la calidad no puede negociarse. “Es mejor entregar tres pedidos con toda tu pasión, que veinte a medias”, aconsejó. Invita a planificar estratégicamente, estudiar el mercado y ofrecer productos memorables que eduquen el paladar, asegurando que cada bocado sea un reflejo genuino de dedicación y excelencia profesional.