Sucesos

Crónica del pasado: Tarde de Perros en Barquisimeto

Un hecho ocurrido en un caluroso día de abril de 2023, en el Mercado Mayorista de Barquisimeto
28 de marzo de 2026
Sucesos. - Era un caluroso día de abril de 2003. Se encontraban en el Mercado de Mayorista de Barquisimeto (Mercabar) docenas de personas, clientes y comerciantes haciendo sus diligencias ordinarias. A eso de las diez de la mañana, la tranquilidad del local de comida china “Cantón 2000” es violentamente interrumpida. Allí se encontraba Lau Wui Kin, quien tenía dos millones de bolívares destinados a unos pagos. En el local irrumpen Luis Alberto García Cortez, Jergi Rafael Álvarez González y Elvis Javier Miranda Ochoa, armados de sendos revólveres Smith & Wesson, calibre 38 spl de cañón largo.

En el restaurant se encontraba la señora María Contreras complaciendo a sus niños Jessica, de siete años, y Jorman, apenas un bebé de meses, que querían comer arroz chino. También se encontraban Frank Espinoza, funcionario policial y el comerciante Jesús María Quintero.Los tres hampones tratan de dominar a sus seis víctimas, pero, en un descuido, Espinoza y Quintero logran escapar, quedando en poder de los delincuentes la mujer con sus dos niños y el ciudadano chino. Al sitio llegan dos vigilantes privados del mercado, pero son recibidos a tiros y ambos resultan heridos y son evacuados del lugar.

Cuando escapan los hombres, inmediatamente alertan a todos en el mercado y, sin pérdida de tiempo, funcionarios de la policía del estado Lara empiezan a llegar.Los criminales toman como rehenes a María, sus niños y a Lau y, colocando los cañones de sus armas apuntando a la cabeza de los inocentes, salen del restaurant y tratan de escapar por la parte trasera del mercado, que da para una zona enmontada, pero se dan cuenta de que por todos los ancos los rodea la policía.

Ante lo complicado de la situación, los jefes de Polilara activan la presencia del Grupo de Operaciones Tácticas de la Policía y también llegan comisiones del Cicpc y de la Guardia Nacional. Estaba servida una “tarde de perros”, que es como se llaman en el argot policial cuando las situaciones se complican en extremo.Los delincuentes empiezan a ponerse nerviosos. Gritan que van a matar a los rehenes. Uno de ellos alternativamente pone el cañón de su revólver sobre la cabeza de María y sobre la cabecita del bebé. Piden la presencia de un scal del ministerio público y de la prensa. Empiezan a correr las horas mientras llega el scal y la gente de los medios de comunicación. Los criminales se mueven de un lugar a otro del estacionamiento del mercado, sin dejar de amenazar a sus inocentes víctimas.

A la una de la tarde los atracadores reciben una camioneta que han pedido con anterioridad, pero se violentan y dicen que no les gusta porque “está preparada”. Se notan cada vez más nerviosos y se mueven de un lado a otro. La niña de María llora casi sin comprender de qué se trata aquel drama que se tornará en tragedia. Más policías y guardias llegan. Varios de ellos portan largos fusiles con miras. Son los francotiradores, funcionarios que son la última carta para resolver un caso complicado. Los tiradores expertos toman posiciones estratégicas en algunas alturas desde donde casi no los pueden ver.

El delincuente García Cortéz, quien aparentemente lidera el grupo, mientras a nca el cañón de su revólver contra el cráneo de Lau, grita que contará hasta diez y, si no le traen otro vehículo, empezarán a matarlos. En el lugar tratan de negociar con los delincuentes el comisario Omar Pérez Hudson, comandante de la Policía Municipal de Barquisimeto, y Julio Padrón, jefe de investigaciones del Cicpc, pero no hay entendimiento posible. La tensión sube… parece que los criminales han agotado su paciencia. El francotirador, que tiene en la mira a García Cortéz, recibe una orden:-¡Bájalo!

Pasan unos segundos, hasta que el blanco está quieto. Suena un estampido y la gorra de béisbol de García salta por los aires llevando con ella trozos de cráneo y masa encefálica. El criminal cae muerto sin saber qué fue lo que le pasó.

Álvarez y Miranda abren fuego contra los policías, el comisario Pérez Hudson recibe un balazo en una pierna, pero en segundos los francotiradores hacen certeros impactos en los otros dos ladrones, que caen al piso exhalando sus últimos suspiros. Los cuatro rehenes están indemnes.

Fueron cinco horas de un verdadero in erno para María y sus niños y el comerciante chino. Todo ha terminado sin derramar sangre inocente.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Luis Heraclio Medina C.