Dos vidas perdidas y una truncada, por una traición
Sucesos.- Hasta fines de siglo
Venezuela fue un país atractivo para la
inmigración desde distintos lugares del mundo. Entre estos inmigrantes estaba Karl H. K, ingeniero alemán, contratado por una farmacéutica. A Karl desde el principio le gustó Venezuela: su naturaleza, su clima, y sobre todo sus mujeres.
En una reunión conoció a una bella morena, Mary, de la cual se enamoró. El alemán, le propuso matrimonio a la muchacha, y se casaron. Karl, hombre estricto y fiel cumplidor de sus deberes como buen germano, compró una bonita quinta en La Esmeralda. Así el tiempo transcurría de manera tranquila para la pareja. Karl cumpliendo con su trabajo y Mary, estudiando en el tecnológico de La Esmeralda. Pero Karl comenzó a percibir una conducta un tanto extraña de ella; le dedicaba demasiado tiempo a sus estudios y casi siempre tenía una excusa de exámenes o reuniones de estudio y no acompañaba al ingeniero. Karl comenzó a sospechar algo raro. Mary andaba siempre con el mismo grupo de compañeros, de su misma edad. Pero un día, perturbado por las dudas, Karl decidió averiguar qué hacía la muchacha cuando el trabajaba. Pidió una semana libre y se dedicó a investigarla. Consiguió que un amigo le prestara un carro y le dejó su camioneta. El primer día notó demasiada efusividad de Mary con Leo, uno de los compañeros. Demasiados besos y abrazos al llegar y salir del tecnológico.
El segundo día fue contundente: Leo la estaba esperando en la puerta del instituto, pero al llegar Mary, abordaron el Fiat del chico y siguieron por la Av. Julio Centeno un motel frente al Big Low. Allí estuvo Karl esperando dentro del automóvil, fumando cigarro tras cigarro, hasta horas después, cuando salieron. Leo condujo a la muchacha hasta la Esmeralda y la despidió con un beso en la boca. Karl, regresó a casa dos horas después, y casi no habló, pero no hizo notar nada de particular, y se acostó pensando en cada detalle de su venganza.
Una semana después, Leo se dirigía al tecnológico por la Av. principal de San Diego, junto con su mejor amigo, Marcelo. Cuando sorpresivamente la camioneta les cerró el paso y casi choca con ellos, obligándolos a detenerse. Al momento reconocieron que se trataba de la camioneta de Karl y lo entendieron todo. Se bajaron de sus autos y cuando Leo se le acercaba a Karl, que ya había avanzado hacia ellos, pudo notar que el alemán sacaba de su bolsillo una pequeña cosa negra y brillante. Apenas entendió lo que era cuando escuchó las detonaciones de la Walther PPK 7,65.
Dos impactos en el pecho lo hicieron caer al suelo. Mauricio trató de acercarse al tirador, para desarmarlo y proteger a su amigo, pero también recibió un par de tiros que le partieron el corazón, cuando cayó al suelo, ya estaba muerto. Al llegaron los primeros curiosos al sitio, ya la camioneta se había ido. Sólo quedaban los dos cadáveres en el suelo. Al rato llegaron la policía y la PTJ.
Rápidamente por los carnets estudiantiles y los libros supieron dónde estudiaban los muchachos. Algunos compañeros al enterarse le fueron a avisar a Mary. La PTJ interrogando y preguntando a los compañeros del tecnológico rápidamente supo la historia detrás del homicidio. Pero ni Karl ni su camioneta aparecían por ninguna parte. Se hicieron allanamientos, se libraron requisitorias, se colocaron avisos de “SOLICITADO” en varios aeropuertos del país, pero no aparecía el asesino por ninguna parte.
En la empresa, nada se sabía. Fue pasando el tiempo y se tuvo la información de que Karl pudo salir del país. Dos vidas perdidas y una truncada, por una traición.
Por Luis Heraclio Medina Canelón