Crónica del pasado: Las primeras invasiones
Sucesos

Crónica del pasado: Las primeras invasiones

Así nacieron los barrios en las partes altas de las inmediaciones de El Cementerio y del Hospital Central
30 de mayo de 2026
Sucesos.- Las invasiones no son algo nuevo del presente siglo. La detestable costumbre de invadir terrenos privados o públicos para obtener beneficios políticos o económicos existe, por lo menos, desde los años sesenta, aunque hizo explosión, más o menos, a principios de los setenta. Con anterioridad a esas épocas se registraron pequeñas ocupaciones pacíficas: humildes ciudadanos ocupaban terrenos en las afueras de la antigua ciudad, en tierras de las haciendas que la circundaban, eran casi siempre peones de las mismas haciendas y allí fueron fomentando sus casas; otras veces eran personas que ocupaban pequeños lotes de terreno sin mayor valor agrícola o comercial.

Así nacieron los barrios en las partes altas de las inmediaciones de El Cementerio y del Hospital Central. Por ejemplo, el cerro El Calvario se fue poblando espontáneamente sin perturbar ni el orden público ni molestar a los dueños del terreno donde está enclavada la montaña, ya que se trata de cerro y piedras, sin ninguna posibilidad de explotación económica. De la misma manera, la sucesión Izaguirre Chacín, propietaria de una inmensa hacienda aledaña a la Av. Lisandro Alvarado, no opuso mayor resistencia legal a que sus terrenos fueran ocupados de forma espontánea y progresiva por gente necesitada de una vivienda.

Pero en muchas otras partes no fue así: recordamos que, especialmente en los años setenta, una serie de “dirigentes políticos”, utilizando a sus segundos, organizamos sistemáticamente una serie de invasiones en Valencia, Los Guayos y Tocuyito. Eran tiempos del gobierno de Rafael Caldera y sus opositores tenían que mantener a su clientela aunque ellos estuvieran fuera del poder, y lo más práctico les resultó invadir terrenos ajenos y aparecer como benefactores de los “sintecho”. En estos casos ya no se trataba de terrenos baldíos, sino lotes productivos o urbanizaciones que no habían sido terminadas.

Está, por ejemplo, la frustrada “Urbanización Nueva Valencia”, en Tocuyito, a las orillas de la autopista; un magnífico proyecto con amplias avenidas y parcelas bien trazadas que fue invadido, convirtiéndose en un rancherío. También conocemos en la Carretera Vieja de Tocuyito haciendas dedicadas a la explotación del granzón invadidas por estos politiqueros, afectando a quienes vivían honestamente de trabajar allí sus tierras.

El “modus operandi” de estas bandas era siempre parecido: en la madrugada llegaban en camiones dos o tres tipos armados junto con varias mujeres (preferiblemente preñadas), niños y algunos hombres y, en pocas horas, tenían montadas su ranchería. Pero la finalidad de estas invasiones no era meramente política: el promotor o los promotores siempre se reservaban para sí mismos y para sus familiares o sus barraganas varias de las mejores parcelas, las cuales terminaban vendiendo a los pocos días de la invasión, con jugosas ganancias.

Al propietario de los terrenos invadidos le esperaba un calvario de burocracia: denunciar en prefecturas, buscar un abogado, solicitar un “amparo policial” y, si obtenía una decisión favorable, rogar en la policía o en la guardia nacional que harían efectiva la decisión administrativa del desalojo, que casi siempre se veía obstaculizada por la intervención de algún diputado o concejal. Todo eso con muchos gastos y pérdida de tiempo, a veces hasta meses. Y, si lograba el desalojo, no pasaba mucho tiempo y lo volvían a invadir.

Los terrenos de las sucesiones Bigott, Izaguirre Chacín y Linares Carvajal, en el oeste de Valencia, fueron objeto de estas invasiones. El campeón de las invasiones era un sujeto muy famoso, cuyo nombre no vamos a escribir porque ya está muerto, hombre de confianza del jefe del partido en Carabobo y dirigente de las tristemente famosas y ya casi olvidadas “bandas armadas”. Este violento sujeto cometió toda clase de tropelías y hasta de crímenes se le acusaba, pero siempre salían en su defensa los hermanos dueños del partido en Carabobo que, en aquellos tiempos, eran diputados y uno de los cuales llegó a ser gobernador de Carabobo. Con la carrera del tiempo, ese sujeto cambió el color de la franela por el tinte del nuevo gobierno, liderando las nuevas invasiones que se realizaron en Tocuyito, ya en tiempos más recientes. El tipo terminó sus días muerto a balazos en pleno centro del pueblo, creo que disfrutando de un cargo público en la alcadía rojita de Tocuyito.

Así se vieron invasiones en el oeste y el sur de Valencia, en donde se frustraron grandes planos de desarrollo en los alrededores de la Plaza Monumental y el Hipódromo, que hubieran hecho de nuestra ciudad algo muy bueno. Todo aquello se llenó de barrios sin servicios, sin planificación ni orden de ningún tipo, con la creación de los consiguientes problemas. Lo mismo en Los Guayos, El Roble, Flor Amarilla, etc., la irresponsabilidad de los demagogos arruinaron los alrededores de la ciudad.

Así que cuando Ud. sepa de un barrio sin servicios que tiene el nombre de alguien… averigüe quién es… Posiblemente sea el politiquero quien ordenó la invasión o su madre. Su madre.

Aquellos vientos trajeron estas tempestades. La sinverguenzura no es nueva.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Luis Heraclio Medina