Una nueva investigación vuelve a poner el foco en los ultraprocesados, cuyo consumo se ha triplicado
Salud.- Si hace unos días un estudio publicado en "The British Journal of Nutrition" alertaba de cómo las pizzas, los yogures de sabores o los cereales dañan los huesos, hoy una nueva investigación vuelve a poner el foco en los ultraprocesados, cuyo consumo se ha triplicado en España en 30 años. En esta ocasión, por cómo "golpean" gravemente al corazón.
Así, según un estudio presentado en la Sesión Científica Anual del Colegio Americano de Cardiología (ACC.26), y publicado en "JACC Advances", las personas que consumían en promedio más de nueve porciones de alimentos ultraprocesados al día tenían un 67% más de probabilidades de sufrir un evento cardíaco grave que aquellas que consumían aproximadamente una porción diaria de dichos alimentos.
Los alimentos ultraprocesados incluyen muchos alimentos envasados y precocinados, como patatas fritas, galletas saladas, comidas congeladas, carnes procesadas, bebidas azucaradas, cereales para el desayuno y panes.
Según los hallazgos, con cada porción diaria adicional, el riesgo de eventos adversos como ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y muerte por cardiopatía coronaria o accidente cerebrovascular aumenta en más del 5 %. La asociación entre el consumo de alimentos ultraprocesados y los eventos adversos fue más pronunciada entre los afroamericanos en comparación con otros grupos raciales analizados en el estudio.
“Los alimentos ultraprocesados están asociados con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, y si bien muchos de estos productos pueden parecer opciones convenientes para comer o refrigerios sobre la marcha, nuestros hallazgos sugieren que deben consumirse con moderación”, dice en un comunicado Amier Haidar, residente de cardiología en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en Houston y autor principal del estudio.
El estudio se basa en datos de 6.814 adultos estadounidenses sin antecedentes de cardiopatía que participaron en el Estudio Multiétnico de Aterosclerosis (MESA) entre los 45 y los 84 años. Mediante cuestionarios sobre alimentos, los investigadores evaluaron la ingesta diaria de alimentos ultraprocesados de cada participante según el sistema de clasificación NOVA, que clasifica los alimentos en cuatro grupos, desde los no procesados o mínimamente procesados (por ejemplo, el maíz en mazorca) hasta los ultraprocesados (por ejemplo, los chips de maíz), con alimentos menos procesados en un punto intermedio (por ejemplo, el almidón de maíz y el maíz enlatado).
Los participantes del quintil más alto de consumo de alimentos ultraprocesados consumieron, en promedio, 9,3 raciones diarias de estos alimentos, mientras que los del quintil más bajo consumieron un promedio de 1,1 raciones diarias. En comparación con el quintil más bajo, los participantes del quintil más alto tuvieron un 67 % más de probabilidades de morir por cardiopatía coronaria o accidente cerebrovascular, o de sufrir un infarto no mortal, un accidente cerebrovascular o un paro cardíaco reanimado.
“Independientemente de la cantidad de calorías que se consumían al día, independientemente de la calidad general de la dieta, y tras controlar los factores de riesgo comunes como la diabetes, la hipertensión, el colesterol alto y la obesidad, el riesgo asociado a un mayor consumo de alimentos ultraprocesados seguía siendo prácticamente el mismo”, destaca Haidar.
Para Haidar estos hallazgos sugieren que los alimentos ultraprocesados pueden contribuir al riesgo cardiovascular a través de mecanismos que van más allá del exceso de calorías o de una mala calidad general de la dieta, y que prestar atención a cómo se procesan los alimentos, además de su contenido nutricional, puede ser importante para la salud del corazón.
En general, cada porción diaria adicional de alimentos ultraprocesados se asoció con un aumento del 5,1 % en el riesgo de sufrir eventos cardíacos adversos. Sin embargo, esta asociación se acentuó entre los afroamericanos, quienes experimentaron un aumento del 6,1 % en el riesgo por cada porción adicional, en comparación con un aumento del 3,2 % por porción entre las personas no afroamericanas.
El estudio, no obstante, presentó varias limitaciones. Así, los datos del cuestionario dietético se basaron en la información proporcionada por los propios participantes y los investigadores evaluaron el consumo de alimentos procesados según el número de raciones, en lugar de alimentos individuales.
El estudio tampoco se centró en los mecanismos biológicos implicados, pero investigaciones anteriores sugieren que la alta densidad energética, los azúcares y grasas añadidos, y los efectos sobre la saciedad y el metabolismo de los alimentos ultraprocesados provocan aumento de peso, inflamación y acumulación de tejido adiposo visceral, todo lo cual puede contribuir a las enfermedades cardíacas.
Heidar explica que una forma de reducir el riesgo es prestar atención al tipo de alimentos que se consumen y a las etiquetas nutricionales. Estas etiquetas proporcionan información importante sobre la cantidad de azúcar, sal, grasas y carbohidratos añadidos en cada porción. Estos suelen ser más elevados en los alimentos ultraprocesados en comparación con los alimentos menos procesados, como la avena, los frutos secos, las legumbres y las frutas y verduras frescas o congeladas.
Pero entre la dificultad de estar todo el día mirando etiquetas y los anuncios, urgen medidas; sobre todo en el caso de los menores. Así, los niños ven cada día 11 espacios publicitarios de comida basura en nuestro país. Unos 4.000 al año, tal y como explicó en su día Amelia Marti del Moral, miembro del Grupo de Trabajo de Obesidad Infantil de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), catedrática de Fisiología de la Universidad de Navarra e investigadora del CiberOBN.
Y el problema es que menores y adultos tienen un nivel de adicción a los ultraprocesados sin precedentes. Así, según un estudio de «The British Medical Journal» en el que participaron investigadores del CiberOBN Idibell y el Hospital de Bellvitge, el 14% de los adultos y el 12% de los niños son adictos a los alimentos ultraprocesados.
Esto se debe a que suelen ser ricos en carbohidratos refinados y grasas, dos componentes que inducen la misma liberación de dopamina en el cerebro que la nicotina o el etanol. Además, este tipo de alimentos se presentan en una estructura en la que carbohidratos y grasas son absorbidos muy fácilmente, lo que les permite actuar sobre el cerebro mucho más rápidamente.