Expresó que cómo se puede hablar de unión, si no somos capaces de hacer frente común ante sanciones colectivas como las que sufren los pueblos de Cuba y Venezuela. “¿Para qué sirve una organización regional si sus jefes de Estado no gozan plenamente de inmunidad o si nuestras (ciudades) capitales pueden ser vulneradas sin una respuesta colectiva?”, se preguntó.
Para el diplomático venezolano, es importante que la CELAC trace una ruta concreta para activar mecanismos de coordinación económica, avanzar en esquemas energéticos compartidos, fortalecer la cooperación para preservar nuestra Zona de Paz y consolidar políticas comunes en materia alimentaria y social.
“Debemos ser claros: con bloqueo, con sanciones, con coerción económica, no hay unidad posible. La CELAC debe avanzar hacia una posición firme que nos permita construir una región libre de medidas coercitivas unilaterales”, enfatizó.
El ministro Gil precisó que, tras la experiencia del 3 de enero, Venezuela tomó una decisión consciente frente a Estados Unidos: “Optamos por la paz, el diálogo diplomático y por el entendimiento como única vía para resolver las diferencias entre los Estados”.
“Esa es la lógica que debe prevalecer en América Latina y el Caribe, porque existen diferencias entre nuestros gobiernos, pero esas diferencias no pueden seguir paralizando a la CELAC. Pensar en la CELAC hoy supone avanzar en mecanismos reales y efectivos de unión que fortalezcan proyectos comunes, que garanticen la paz y que permitan defendernos frente a amenazas compartidas”, agregó.
Finalmente, dejó claro que Caracas observa con “preocupación la situación en Asia Occidental, donde una guerra ha escalado peligrosamente. Desde nuestra condición de región de paz, debemos hacer un llamado firme para el cese inmediato de las hostilidades, el retorno al diálogo y a la solución política de las controversias, y reconocer que esa inestabilidad tiene raíces en el sufrimiento del pueblo palestino, que debe cesar”.