El municipio Iribarren, capital Barquisimeto, está compuesto por las parroquias: Catedral, Concepción, El Cují, Juan de Villegas, Santa Rosa, Tamaca, Unión, Aguedo Felipe Alvarado, Buena Vista y Juárez
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Iribarren, capital Barquisimeto, estado Lara y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).
El municipio Iribarren, capital Barquisimeto, está compuesto por las parroquias: Catedral, Concepción, El Cují, Juan de Villegas, Santa Rosa, Tamaca, Unión, Aguedo Felipe Alvarado, Buena Vista y Juárez. Barquisimeto se ha caracterizado desde siempre por la belleza de sus crepúsculos y arreboles, aquí el cielo no se conforme con ser solo azul; es rosa, naranja, violeta y hasta morado intenso. Los crepúsculos de Lara no dejan de sorprendernos por su impactante belleza. Es tierra de Lino Iribarren Celis, escritor e historiador, nacido en Barquisimeto, en el año 1900 y fallecido en Caracas en el año 1988. Destaca el turismo, la cultura y el patrimonio cultural.
La vida aborigen existente en el territorio antes de 1530, da paso a la instauración de la encomienda, es así como el centro histórico de Barquisimeto, fue fundado por el capitán segoviano Juan de Villegas en el año 1552 con el nombre de Nueva Segovia de Barquisimeto, luego de tres intentos frustrados de localización hasta instalarse en la altiplanicie al norte del río Turbio en 1562. Barquisimeto, o de la comarca donde estaba situada Nueva Segovia, significa en lengua caquetía, «aguas cenicientas» como las que poseía/posee el río Turbio. Estaba poblada por etnias caquetías en el valle y tierras fértiles, en las zonas áridas del norte por gayones y camagos y al sur, en las montañas, por cuibas y jiraharas. Surgió como centro de operaciones y control del territorio para la mejor explotación de esta región que se creía rica en oro, dada la existencia de este mineral en las cercanías de las minas de Buría.
Pero la historia de Barquisimeto también está escrita con la tinta indeleble de la tragedia, en el año 1561, un hálito de terror cruzó el valle: Lope de Aguirre, el «Tirano» el buscador de oro convertido en heraldo de la muerte. Tras sembrar el caos desde las costas de Paraguachí, su última parada fue esta altiplanicie. Barquisimeto no fue para él una conquista, sino su cadalso, un episodio que quedó grabado a fuego en nuestra memoria colectiva como el escenario donde la ambición se desmoronó frente a la justicia. En las márgenes del Río Turbio, allí donde las aguas cenicientas parecen guardar silencio; Ocurrió lo impensable, Aguirre prefirió el puñal al deshonor, arrebatándole la vida a su propia hija, Elvira, se dice, entre susurros que aún recorren las naves de la Iglesia de la Inmaculada Concepción, que allí, en el suelo sagrado del templo, descansa el sueño eterno de la inocente Elvira.
La Laguna Cumaca, en una depresión natural custodiada por el abrazo silencioso de dos cerros. No es solo un reservorio de aguas para el riego o un refugio ecológico, es un santuario donde el tiempo parece haber sido detenido al contemplar su propio reflejo. Esa explicada que la circunda no es tierra baldía; es suelo sagrado que aún guarda el eco de los antiguos habitantes de la comarca. Las orillas de Cumaca nos hablan en un lenguaje de barro y piedra. Allí, donde la naturaleza se hace cuna, han aflorado testimonios de una cotidianidad prehispánica que se resiste al olvido: hachas, piedras, raspadores y collares que alguna vez adornaron a quienes entendían la tierra no como propiedad, sino como madre. Estos vestigios son las huellas dactilares de nuestra identidad más remota.
El Obelisco, más que una estructura de concreto, es un motivo de fe para los artistas plásticos que han intentado, década tras década, capturar su luz en el lienzo. Con su ascensor que eleva el espíritu hasta un mirador desde donde se domina el valle, y ese reloj que marca el tiempo de un pueblo que no se detiene, el monumento es el centro de gravedad de una plazoleta donde la vida transcurre entre juegos infantiles y el brillo de su laguna artificial. Es el punto donde la modernidad de mediados del siglo XX se detuvo a rendir honores a la Nueva Segovia de antaño, recordándonos que, aunque crezcamos hacia las nubes, nuestras raíces siguen hundidas en la tierra de los caquetíos.
El imponente Obelisco, erguido como un paralelepípedo de setenta y cinco metros de pura voluntad, es el emblema que domina el entorno y ordena el pulso de nuestro sistema vial. Inaugurado un simbólico 5 de julio de 1952, bajo la mirada de Marcos Pérez Jiménez, este monumento no fue solo una obra de ingeniería; fue el regalo de cumpleaños para una ciudad que celebraba sus primeros cuatrocientos años de historia. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Iribarren, estado Lara!