La Madre María de San José falleció el 2 de abril de 1967 en Maracay. Su vida y obra fueron reconocidas por la Iglesia Católica, y el 7 de mayo de 1995 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II
Aragua.- Este miércoles, el pueblo venezolano recuerda con devoción y gratitud a la Madre María de San José, a 58 años de su fallecimiento. Su vida, marcada por la entrega a los más necesitados y su profunda fe, sigue siendo un faro de esperanza y un ejemplo a seguir para los venezolanos.
Laura Evangelista Alvarado Cardozo, conocida como la Madre María de San José, nació en Choroní, estado Aragua, el 25 de abril 1 de 1875. Desde muy joven, mostró una profunda vocación de servicio, dedicando su vida a cuidar de los enfermos y desamparados, dejando un legado de amor y servicio. Desde muy temprana edad María se consagró a Dios cuando en 1888, durante su primera comunión, realizó un voto de virginidad.
En 1901, junto al padre Justo Vicente López Aveledo, fundó la Congregación de las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, donde aura Alvarado entro a la organización y se convirtió en su superiora, fue allí cuando se comenzó a conocer como la Madre María de San José, una religiosa dedicada a la atención de los más vulnerables. Su labor se extendió por todo el país, dejando una huella imborrable en personas en condición de calle, hospitales, orfanatos y hogares de ancianos.
La Madre María de San José falleció el 2 de abril de 1967 fue sepultada en la capilla de la casa hogar “Inmaculada Concepción”, en Maracay. Su vida y obra fueron reconocidas por la Iglesia Católica, y el 7 de mayo de 1995 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II, convirtiéndose en la primera mujer venezolana en alcanzar este reconocimiento.
EL PASO A LA BEATIFICACIÓN
La Hermana Teresa Silva era una religiosa de la misma congregación quien convivió con la Madre María y le tenía una fe inmensa. A los 34 años, comenzó a sufrir de osteoartrosis generalizada una degeneración total de las articulaciones complicada con una polirradiculoneuritis por lo que quedó completamente inválida, sus articulaciones se deformaron y sus huesos se volvieron de cristal.
Los médicos de la época en Valencia y Maracay no le daban esperanzas de volver a caminar. Pasó 26 años postrada en una cama o en una silla de ruedas con dolores intensos y constantes. Aunque la Madre María de San José había muerto en 1967, la Hermana Teresa siempre le rezaba pidiendo su intercesión. En 1982, la Madre María cumplía el centenario de su nacimiento (100 años). Teresa contó que ella le hizo una "queja" cariñosa a la Madre María, "Madre, ya que cumple 100 años, regáleme el milagro de poder pararme de aquí".
De repente, la Hermana sintió un calor intenso y una fuerza extraña en sus piernas, sin ayuda de nadie, se puso de pie y comenzó a caminar, los dolores desaparecieron por completo y sus articulaciones, que estaban atrofiadas por 26 años de inactividad, recuperaron su movilidad total de inmediato.
Como la Iglesia es muy estricta, no aceptaron el milagro de inmediato. Pasaron casi 11 años de estudios, la llevaron a los mejores especialistas para verificar si había una explicación científica para que alguien que no caminó por 26 años lo hiciera de un día para otro sin rehabilitación. No la encontraron.
La exhumación fue uno de los pasos administrativos que ocurrió después de que el Vaticano ya había aprobado ese primer milagro y había decretado su beatificación. La Iglesia necesitaba, verificar que los restos que estaban ahí eran de ella, preparar las reliquias y permitir la veneración pública, necesitaban trasladarla a un sarcófago digno para que los fieles pudieran ir a rezarle.
Entre los testigos, se encontraban el monseñor José Vicente Henríquez Andueza, obispo de Maracay; el padre Romualdo Rodrigo, postulador de la causa ante Roma; la Madre Ligia Díaz Reques, superiora general de las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús; la hermana Dilia Barrios, vice postuladora de la causa de beatificación y canonización de la Madre María de San José; y el gobernador de Aragua, Carlos Tablante.
El proceso de exhumación estuvo marcado por el asombro ante el deterioro externo del féretro en contraste con el estado de su interior. A pesar de que la urna de madera se encontraba agrietada y se deshacía al tacto debido a la humedad del suelo, y de que el latón final estaba profundamente oxidado, el hallazgo desafió toda lógica física. Al abrir los restos del ataúd bajo estricto juramento, los presentes descubrieron el cuerpo de la religiosa completamente incorrupto, conservó su atuendo y hábito intactos bajo la capa de tierra y residuos acumulados por el tiempo.
Lo que más impacto causó según los registros oficiales, fue la cruz de madera sobre su pecho permanecía en su lugar, pero el detalle más extraordinario fue que las azucenas aún conservaban su verdor y las hojas de esparraguillo se mantenían erectas tras 27 años de sepultura. Este fenómeno de conservación, donde incluso las flores desafiaron la descomposición en un ambiente húmedo, fue documentado como un testimonio excepcional de su santidad.

Finalmente, el 23 de diciembre de 1993, el Papa Juan Pablo II firmó el decreto que reconocía oficialmente este hecho como un milagro de Dios por intercesión de la Madre María de San José.
La Hermana Teresa Silva estuvo presente en la ceremonia de beatificación en el Vaticano en 1995. Ella misma llevó las reliquias de la Madre María de San José ante el Papa, caminando por sus propios medios, como testimonio vivo de la sanación.
El legado de la Madre María de San José, perdura en cada una de las obras de su congregación, y su ejemplo sigue inspirando a miles de venezolanos a practicar la caridad y la solidaridad.
Para la
hermana Amavic Rebolledo, la posibilidad de ver a la Madre María de San José alcanzar la santidad plena representa “
una fuente de inmensa alegría espiritual”. La religiosa subrayó que la congregación vive este tiempo con gran expectativa, pues ven en la
fundadora de las Agustinas Recoletas un faro de luz para Venezuela.Destacó que
el camino a la santidad de la Madre María está profundamente ligado a su devoción al Santísimo Sacramento. Según sus palabras, "
el valor fundamental de la Madre María de San José fue la Eucaristía". Este legado es el que hoy impulsa a la comunidad religiosa a seguir sus pasos y a pedir por su pronta canonización.
La hermana enfatizó que
el proceso no es solo un título eclesiástico, sino un
regalo para la fe del pueblo, "
estamos muy aferrados a la fe porque pronto sea la canonización... nos va a ayudar para que nosotros también seamos santos, a ejemplo de ella", afirmó con entusiasmo.
Desde el estado Aragua, tierra que vio nacer y crecer la obra de la Beata, las Hermanas Agustinas Recoletas se mantienen en vigilia activa, Amavic explicó que
la comunidad se ha volcado a este proceso, "
no solamente con la oración, sino también con obras y con un gran regocijo". Finalmente, hizo un llamado a
mantener la unión espiritual bajo la intercesión de la Madre, elevando plegarias para que su ejemplo siga guiando a los más necesitados.
