Historia conmovedora: Venezolano ayuda a otros a migrar a EE.UU.
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Historia conmovedora: Venezolano ayuda a otros a migrar a EE.UU.

Es uno de los muy pocos paralegales de Estados Unidos que vivió la experiencia desde un centro de detención
23 de marzo de 2023
País.- Francisco Méndez, pasó por los más duros momentos para llegar a Estados Unidos. Su historia se destaca porque cuenta con la preparación académica en destacada universidad venezolana, y es uno de los muy pocos paralegales de Estados Unidos que vivió la experiencia desde un centro de detención, quien hoy se dedica a ayudar en los trámites legales para los procesos migratorios.

Él cuenta que en Venezuela "nací, crecí y viví con una familia privilegiada que me brindó la base de mi vida personal, espiritual y educativa. Soy graduado de la Universidad Católica del Táchira en Leyes y tenía un futuro prometedor, sin embargo en agosto del 2019 me vi obligado a abandonar el país por motivos que no deseo detallar, dejando atrás con mucho dolor a mi familia, hogar, profesión y un futuro, con el objetivo de llegar a un lugar mejor".


"Crucé por Colombia y México, estando en este último país me tuve que reorganizar durante al menos dos meses para poder cruzar legalmente hacia el lado americano, fueron días de incertidumbre debido a la situación que se vive en México con la inseguridad, además de vivir en carne propia el acoso por parte de oficiales mexicanos.

Sin embargo, confiesa que la protección divina de Dios siempre me mantuvo alejado de los mayores peligros. Luego de cumplir dos meses allí, tuve la oportunidad de ser procesado por las autoridades de inmigracion en la frontera, el problema fue que en vez de terminar un largo camino estaba por comenzar otra etapa complicada de vida, debido a que, por lineamientos de la política americana fui detenido y trasladado a un centro de detención por orden del departamento gubernamental de Immigration Customs Enforcement (ICE), mientras se decidía a través de la corte si yo merecía estar presente o no en el país.

En aquella época el país era administrado por un gobierno que está públicamente en contra de la migración hacia Estados Unidos, cuestión que motivaba que las políticas en los centros de detención fueran muy estrictas para los custodiados por ICE. Allí perdí durante casi un año, uno de mis mayores valores fundamentales de vida, como lo es la “libertad”.

Cuando se pierde la libertad se pierde todo, cada mañana soñaba que viajaba el mundo y que me encontraba cumpliendo mis objetivos, pero una vez volvía a abrir los ojos nuevamente regresaba a la cruda realidad de estar encerrado en una celda de cuatro paredes mientras el mundo avanzaba y yo me encontraba en depresión, viendo como se iban los años más bonitos de mi juventud. Conocí historias muy tristes de otros compañeros que pasaron vidas difíciles, experimenté fuertes humillaciones por parte de oficiales del correccional, fui víctima de tratos inhumanos y hasta condiciones deplorables de vida…. lloraba mucho, no lo niego… 

El ambiente que se siente en las correccionales desmotiva hasta a las personas más fuertes porque ahí aprendes a valorar cada segundo de vida, son situaciones que se llevan al extremo y que a cualquiera le hacen perder la esperanza porque ves el lado oscuro de Estados Unidos.

Sin embargo todas esas dificultades en un momento me llevaron a tener que sacar si o si lo mejor de mi para poder aguantar durante ese proceso.

Intenté bajo toda costa adaptarme a la situación y logré encontrar un sentido de vida cuando empecé ayudar a mis compañeros de detención a preparar de la mejor forma sus casos ante la corte, me refugie en mi familia la cual a través de simples llamadas telefónicas lograba levantarme cuando no tenía ánimos, no paraba de leer libros de aprendizaje y acudi a Dios momentos donde no encontraba salida, pero sobre todo el sueño de volver a ser libre me llevó a enfocarme en hacer tan bien las cosas al punto de que se volvió un hábito sin darme cuenta.

A pesar de la adversidad la gratitud en esos pequeños factores positivos me dieron la fuerza espiritual que necesitaba para soportar un largo proceso que demoró casi un año hasta el día en que tuve que afrontar mi última audiencia ante la corte de Inmigracion, a tal punto de que se concentraron tantas emociones reprimidas en mi mente, que el día en que por fin pude ser escuchado ante el juez realice una exposición magistral que justificó de forma contundente mi derecho a permanecer en el país y donde posteriormente me otorgaron la libertad.

Sería ese uno de los momentos que nunca olvidaré en la vida porque fue como un renacer para empezar a hacer bien las cosas, fue sin dudas una nueva oportunidad de vida pero teniendo un millón de enseñanzas nuevas que llevó hasta el día de hoy como premisa.

Parecía que ya todo había acabado, pero una vez que fui puesto bajo libertad descubrí que mi abuelo había fallecido mientras me encontraba detenido, situación que me derrumbó nuevamente por ser una pieza fundamental en mi vida.

Luego de un tiempo de tristeza recordé los buenos ejemplos que aprendí de él para lidiar con el dolor de la ausencia, entendiendo que para lograr sueños tenemos que estar dispuestos a salir de la zona de confort, sacrificando si es necesario tiempo, dinero, personas o hasta las libertades, utilizando ese mismo sentimiento de dolor como otra fuente de inspiración para hacer aún mejor las cosas pero sobre todo dándole las gracias a Dios por todas las lecciones aprendidas.

Como base en esas experiencias vividas comencé a realizar los estudios de inmigración como complemento. Inmediatamente culmine mi etapa de capacitación, cree mi negocio de asistencia en trámites migratorios y ejerzo profesionalmente mi labor desde el 2021 con la finalidad de atender a los inmigrantes que viven situaciones como yo las viví, ayudándolos para que alcancen sus sueños, superando las dificultades y los miedos que los persiguen ya que el verdadero poder del ser humano se demuestra en la adversidad.


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VÍA NT
FUENTE Amarylis D’Onghia/Caraota Digital