Cuando el lodo se adueñó de las botas de Claro Castillo, el funcionario entendió que la situación que le tocaría enfrentar no sería sencilla. Los siguientes tres días su mente sólo se repetía una orden: mantener la fortaleza mental para la que fue entrenado. “Aquí estamos dando el 100%. Hoy debe venir nuestro relevo, pero la mayoría de nosotros quiere quedarse para seguir apoyando”, comentó al equipo de Notitarde este miércoles.
El integrante de la Reserva Paracaidista del 423, perteneciente al Ejército Bolivariano, no ha tenido otro remedio que asumir una personalidad de roble para poder cumplir su función más altruista: servir al pueblo. “Lo que se vive aquí es muy triste, pero nos llena de satisfacción que estemos haciendo una buena obra para esta comunidad”, aseguró.
“Lo más difícil es encontrarse con cadáveres”
Para el sargento, lo más difícil no ha sido caminar entre polvo, lodo y escombros; tampoco le ha detenido la tierra que flota en el aire y se le mete en los ojos y las narices. Lo que más lo ha conmovido ha sido encontrar cinco cuerpos sin vida (hasta la fecha). “Los más duro es encontrar cadáveres pensando, al principio, que tienen vida. Uno escarba alrededor de ellos y al sacarlos, vemos que están descompuestos”.
La alegría del sargento: “Lo rescatamos vivo”
El soldado no deja de pensar que hay un montón de viviendas completamente tapiadas por las que deben seguir buscando. “Nos entristece mucho pensar que debajo de todo ese barro, dentro de las casas, a lo mejor hay niños y ancianos que no tuvieron la oportunidad de salir a tiempo”.
Sin embargo, Claro Castillo no deja abatirse por sus emociones. Sabe que en medio de tanta muerte, también hay vida que lo motiva a continuar con sus labores. Así ocurrió con el caso de un pequeño que lograron rescatar. “El niño salió entre el barro. Lo rescatamos vivo y eso nos llenó de mucha alegría, pero luego pensamos… ¿Y los padres? No sabemos”, expresó el uniformado con ojos humedecidos, tratando de controlar el pulso que sentía en su garganta.
Cuando el sargento se repuso, insistió con firmeza que, sin importar tanto desconsuelo, no querría estar en otro lugar que Las Tejerías. “Yo sé que es cansón, pero vale la pena. Estoy seguro que todos mis compañeros presentes están aquí por vocación”. (Francis Tineo)