Patrimonio Cultural de Venezuela: Municipio Simón Bolívar, estado Anzoátegui
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Patrimonio Cultural de Venezuela: Municipio Simón Bolívar, estado Anzoátegui

En este crisol oriental, donde convergen parroquias surcadas por el imperturbable testimonio natural del río Neverí, la historia colonial y republicana se funde con un pujante dinamismo comercial, mercados tradicionales
6 de septiembre de 2026
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Simón Bolívar, estado Anzoátegui y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

El municipio Simón Bolívar palpita con la cadencia pausada de los siglos, fundado un primero de enero bajo el nombre de Dulce Nombre de Jesús o San Cristóbal de la Nueva Barcelona gracias a la visión de don Sancho Fernández de Angulo y el comisario franciscano Fray Manuel Márquez. En este crisol oriental, donde convergen parroquias surcadas por el imperturbable testimonio natural del río Neverí, la historia colonial y republicana se funde con un pujante dinamismo comercial, mercados tradicionales, vías de entrada escoltadas por peajes y una flora muy variada que transita desde la vegetación xerófila hasta las tupidas selvas de galería. El casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural mediante la providencia administrativa número 021/09 para salvaguardar más de seiscientas hectáreas de arquitectura tradicional, guarda celosamente las huellas de su origen tras la fusión con la antigua población de Santa Eulalia, convirtiéndose en el corazón palpitante de la venezolanidad oriental.

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A poca distancia, adentrándose hacia el sur por caminos de tradición y labranza, se alza el centro poblado de El Pilar, fundado por el Fray Diego de Rivas. Entre caseríos que serpentean y una calle principal bordeada por la quebrada Guaimamar, esta comunidad rural brilla con luz propia por su historia y por erigirse como el principal productor de algodón de todo el estado. Más al norte, la memoria ancestral reverdece en Caigua, fundado originariamente por el fraile Manuel de Yangüez con el nombre aborigen de Caiguapatar. Sus tierras, cuna del primer templo católico de la llanura de Acuripacuar, atesoran sitios arqueológicos invaluables como su histórico aljibe y el pozo de agua Catiricual, manteniendo vivo un profundo sincretismo donde la fe católica se entrelaza con la danza ritual y la tradicional ceremonia del Espuntón en honor al Cacique Caigua.

El recorrido por la espiritualidad y la piedra sagrada nos conduce a la majestuosa Catedral de Barcelona, un santuario levantado entre 1748 y 1773 donde la luz del sol se filtra entre vitrales de colores, los altos arcos sostienen su extenso techo de madera y el subsuelo guarda un relicario con fragmentos óseos de siete santos, además del reposo del mártir San Celestino. Muy cerca, la entrañable Ermita del Carmen despliega su elegancia clásica y neoclásica con pisos de mármol geométrico, torres campanarios y un balcón de madera para el coro, resguardando la efigie de la patrona barcelonesa, el primer Nazareno Carmelitano llegado de España y la escultura de Jesús en el huerto que evoca las letras inmortalizadas de Miguel Otero Silva. A ellas se suman la iglesia Jesús, María y José de Caigua y el templo de El Pilar de Gaymacuar, auténticos tesoros de mampostería, altares estructurales y techos de teja colonial que desafían al tiempo.

De la quietud de los templos, los pasos fluyen hacia el pulso abierto de las plazas. La Plaza Bolívar y la Plaza Boyacá reciben al caminante con su cuidada simetría, sus caminerías cruzadas y sus estatuas que custodian la memoria frente a edificaciones emblemáticas como la alcaldía y la antigua pensión Plaza. Es precisamente sobre las aguas del Neverí donde se levanta el histórico Puente Bolívar, una estructura metálica de hierro sobre bases de concreto armado y faroles que inmortaliza el abrazo histórico entre el Libertador y el general Francisco Bermúdez. Muy cerca, el bullicio del bulevar 5 de Julio dialoga con la imponente solemnidad de las ruinas de la Casa Fuerte, antiguo convento de San Francisco y bastión patriota donde se eternizó el valor supremo de Pedro María Freites y Eulalia Buroz, y con los vestigios de la vieja aduana comercial del puerto El Rincón y las ruinas del convento de Caigua, testigos mudos de la sillería y los frisos de cal y arena de la época colonial.

El viaje culmina al adentrarse en la intimidad de las casonas y los recintos del saber que coronan el paisaje urbano. Entre zaguanes silenciosos y patios centrales rodeados de galerías con columnas de madera se alzan las casas natales de los próceres Pedro María Freites y Diego Bautista Urbaneja, portales moldurados con fachadas de almohadillas que desafían al olvido. Junto a ellas brillan la delicada belleza neoclásica del Teatro Cajigal, un recinto íntimo de dos niveles en forma de herradura consagrado al arte oriental; el antiguo Hotel Colonial, edificación de 1878 donde funcionó la academia militar que formó al general José Antonio Anzoátegui; y enfrente de la plaza Boyacá, el Museo de Anzoátegui, casona primigenia que en 1856 albergó la imprenta de la célebre revista El Oasis y que hoy atesora una de las colecciones de imaginería colonial y arqueología más importantes de toda América Latina. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Simón Bolívar, estado Anzoátegui!   
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Danfny Velásquez