Como contábamos la semana pasada, a finales de los 70 se había realizado en Valencia el Primer Congreso Venezolano de Escritores,
Opinión.- Como contábamos la semana pasada, a finales de los 70 se había realizado en Valencia el Primer Congreso Venezolano de Escritores, a raíz del cual quedó constituida una Junta de Memorias de dicho congreso, que le tocó presidir al entonces joven historiador carabobeño Luis Cubillán Fonseca, quien era autoridad de la Junta Nacional de Protección y Conservación del Patrimonio Artístico, seccional Carabobo, presidida por el doctor Rafael Armando Rojas.
En esos días, Cubillán Fonseca pasa por la calle Colombia y se encuentra con que la vieja “Casa de la Beneficencia”, frente el Colegio Don Bosco y colindante con la Casa de La Estrella, ha sido demolida. Se entera de que las maquinarias están a punto de iniciar la destrucción de la histórica Casa de la Estrella. Cubillán, ni corto ni perezoso, detiene a los maquinistas del “progreso” y les dice que no pueden derribar la histórica casa, la más antigua de Valencia y donde se produjeron tantos acontecimientos fundamentales para la historia nacional y local.
La intención de demoler la importante edificación estaba enmarcada en un plan de destrucción de los viejos edificios, emprendido por la municipalidad presidida por José Vicente “El Negro” Seijas, que ya había borrado del mapa el viejo Palacio Municipal, frente a la Plaza Bolívar y la Casa de la Beneficencia. Quizás todo se debía a un funesto plan de “modernización” del centro de la ciudad, que pretendía arrasar con todos los inmuebles de la calle Colombia y con otros más.
Cubillán amenazó a los trabajadores diciéndoles que, si insistían en su misión, podrían ir presos, y les informó de su carácter de autoridad regional en materia de conservación del patrimonio histórico.
Inmediatamente, corrió hasta la Casa Páez, donde estaban reunidos los miembros del Congreso de Escritores y les explicó el inminente peligro de que la casa fuera demolida y los invitó a que lo acompañaran al histórico inmueble.
En tropel, los escritores, entre ellos la presidenta de dicho congreso, Irma De Sola, y los escritores Felipe Herrera Vial y Francisco J. Ávila se trasladaron hasta la calle Colombia y se apostaron frente a la casa de La Estrella, no sin antes pasar por la sede de El Carabobeño, a pocos metros de la casa, donde encontraron al periodista Alfredo Fermín, quien se trasladó junto con ellos y un fotógrafo.
De un empujón, Cubillán abrió el portón de la casa de La Estrella y todos los intelectuales entraron al lugar. Allí les explicó el valor histórico de la casa y, sobre todo, recordó aquel Congreso Constituyente de septiembre de 1830, cuando se promulgó la constitución que nosotros llamamos “La Valenciana”, que independizó a nuestro país de la antigua Colombia y nos dio la estructura político-territorial que hoy sigue constituyendo a Venezuela.
Alguien exclamó: ¡Esta casa es sagrada! ¡Aquí nació Venezuela!
En realidad, lo que vieron aquellos escritores era un espectáculo deprimente: la casa de La Estrella, que casi nadie conocía por ese nombre, era prácticamente el patio trasero del Hospital Oncológico.
En sus coloniales corredores había, por lo menos, una docena de lavadoras chaca-chaca, donde lavaban la ensangrentada lencería del hospital. Mesas de planchar y viejos aparatos dañados por doquier y en las habitaciones se guardaban fichas médicas y otros documentos obsoletos, ocupando desde el piso hasta el techo. De resto, todo era suciedad y abandono.
Al día siguiente, El Carabobeño informaba de la protesta de los intelectuales y escritores por la pretendida demolición de la casa de La Estrella, lo que detuvo el mal propósito.
En 1980 se cumplía el sesquicentenario del Congreso Constituyente de Valencia que declararía, por última vez, la independencia de Venezuela, esta oportunidad no de España, sino de Colombia. Este congreso se celebró en nuestra Casa de La Estrella que ya estaba siendo restaurada, hasta que, poco a poco y gracias a los planos originales conseguidos en el Archivo Diocesano de Caracas por el propio Luis Cubillán, definitivamente se logró la restauración a su estado original, que es el que disfrutamos hoy en día.
@luishmedinac