La pregunta como resultado y que le hacen al Señor si la ceguera del hombre era por su pecado personal o por los pecados de sus padres
Opinión.- Jesús, el Maestro, el que tiene toda la autoridad, el Sanador, manda a un hombre que padecía de ceguera, que se lavara. Tenía que lavarse los ojos después de que nuestro Señor le untara lodo con saliva en los ojos -acción de obedecer-.
El capítulo 9 de San Juan narra todo un evento divino con fuerte repercusión, como en todas las participaciones de Cristo. Aquí se nota o se puede ver que es el único caso de sanidad, referenciado en el escenario de la sociedad o, mejor dicho, de la humanidad que nace espiritualmente ciega por el pecado.
La pregunta como resultado y que le hacen al Señor si la ceguera del hombre era por su pecado personal o por los pecados de sus padres. Sin embargo, nos recuerda esta semejanza a lo ocurrido en el libro de Job, que le era (a Dios principalmente y al mismo Job) inadmisible esta manera de pensar de aquellos supuestos amigos.
No se trata de omitir que ciertamente la humanidad nace en pecado. No era que Jesús no quería responderle que la ceguera del hombre era porque alguien en específico pecara, no era eso. Más bien nuestro Maestro destaca que el hombre ya, de por sí, viene con naturaleza caída y aflicción.
En consecuencia, señalar a las personas porque tengan un impedimento ya sea físico, moral, social, como pecadora, o como sea es aislarla de las acciones sublimes de salvación que siempre el Cristo de la gloria quiere darnos. Somos nosotros los que condenamos y hundimos a otros.
“ Y le dijo, ve, lávate en el estanque de Siloé (traducido es enviado). Está Jesús mostrándose así mismo. Porque este estanque simboliza la preciosa sangre derramada del Salvador y que, además, limpia todo tipo de pecado. El Señor quiere que acudamos a su poderosa presencia para ser lavados por su preciosa sangre.
Recordemos que el trabajo de Jesús acá no era condenarte a ti o a mí, a nadie venía a señalar, ni restregarle sus faltas. Sabiendo que ya nosotros venimos con una herencia adámica que nos muestra y patenta como personas ajenas o caídas de la gracia. Sin embargo, Él se ofreció como el sacrificio perfecto para que acudamos a Él y nunca nos reprocharía.
Jesús vino a liberar al hombre. Ya Él sabe que la humanidad está ajena a lo que representa su deidad, no hace falta que vengan otros a señalar lo que ya el Señor sabe. Dios sabe que su Hijo fue enviado para recuperar lo que se había perdido por la desobediencia. Cristo no viene del cielo para condenar lo que por sí solo se condenó y está espiritualmente ciego. Por eso Cristo quiere darnos de su soplo para que podamos ver. Nos corresponde a nosotros obedecer e ir al estanque, que no es más que a los brazos de Raboní.
No importa que aunque todo acto tiene sus consecuencias, pueden las personas acudir al estanque que es Cristo y por medio de su maravillosa sangre las personas pueden tener un encuentro con el más grande los grandes, el Altísimo, el sublime, el maravilloso y amoroso Jesús.
Si cometiste algún delito y aunque acarrea cuadrantes que pagar terrenalmente, también hay promesas en el estanque espiritual, si persistes en alguna atadura, ya sea malos hábitos o prácticas impropias y no puedes zafarte con tus propias fuerzas, te invito a que hagas como el hombre que obedeció y acudió al estanque de Siloé y recuperó su vista. Tú también puedes recuperar la visión acudiendo al estanque espiritual Jesús el Salvador.
¡Sí se puede amigo lector (a), es por aquí la plaza pública comunicacional!
Otrosí o nota: Muchas son las personas sin distingo de posición, liderazgo, con cargos importantes en la sociedad que necesitan ir al estanque para que puedan recuperar la vista porque, aunque puedan ver físicamente, están ciegas o lisiadas espiritualmente y necesitan ser lavadas en la sangre del inmortal Jesucristo.