Opinión

El ocaso de los viejos dirigentes

El ser humano se muestra escindido. Se hace pesimista y desinteresado, como si nadase en una antiutopía, la de una absoluta soledad frente a sí mismo
26 de febrero de 2026
Opinión.-  Una visión totalizadora que superara las contradicciones humanas –esto es, la utopía- ya permanece colgada en el perchero. La protesta de la subjetividad por esta vía se destotalizó, aunque la falta de respuestas provoca en pleno siglo XXI algunas escatologías totalitarias de cierre completo de lo social y la reacción conservadora de negativa de la posibilidad de cambio de lo establecido.

El ser humano se muestra escindido. Se hace pesimista y desinteresado, como si nadase en una antiutopía, la de una absoluta soledad frente a sí mismo. Los envoltorios protectores se deshacen, Frente a ello, la carencia es la de un pensamiento complejo, uno que bien podríamos llamar disutópico, abierto a la emergencia.

El sentido mismo de la realidad se hace así borroso, sobre todo se hace borrosa la cotidianeidad, donde hábitats psicológicos fundamentales se ven alterados. Unos cuantos viven un cambio gatopardiano, donde sólo se insertan chips tecnológicos para continuar existiendo en lo existente.

La ruptura es mayor entre quienes ejercen la dirección. Los llamados dirigentes consideran que mantener su condición los ancla en los viejos modos y en las viejas maneras. Son incapaces de ejercer liderazgo planteándose la asunción de nuevas formas y, menos aún, son capaces de convertirse en agentes productivos de los nuevos paradigmas.

Perviven en la limitación para idear. Así, la información que generan es estereotipada y sin significado para una población cansada y harta de escuchar la repetición. Es más, consideran que la información que transmiten debe ser manipuladora, convirtiéndose en una apariencia maquillada provoca la sordera generalizada. Los llamados dirigentes desentusiasman y aumentan los temores antes que contenerlos.

Las anteriores convicciones lucen desgastadas, perdida toda su capacidad explicativa y de protección. La expresión sobre el deterioro de las instituciones se ha hecho lugar común, pero las que muestran debilidad extrema son las políticas, incluidas las llamadas intermedias que cumplían el rol de puente entre el poder y la comunidad. De manera que las viejas formas jurídicas se han deshilachado y los intermediarios han perdido toda capacidad de dar excitabilidad y coherencia.

Al futuro no se le pueden dar formas inmóviles. Al futuro se le da forma ejerciendo el pensamiento bajo la convicción de una voluntad instituyente en permanente movimiento. Es mediante el pensamiento complejo que se puede afrontar el laberinto propio del siglo XXI, pues la mezcla de elementos previsibles e imprevisibles, fortuitos, causales o indeterminados replantea, con toda su fuerza, el cabalgar fuera de dogmatismos.

Ahora bien, debemos marchar hacia la construcción de la nueva realidad. La nueva realidad se gesta como consecuencia de la acción de una serie de elementos preexistentes, de la concurrencia de circunstancias fortuitas y, finalmente, los que salen o se suceden de una sola aparente nada. Estos últimos, en verdad, son resultantes de sistemas que se auto-organizan.

Deben saberlo los viejos dirigentes y los nuevos deben dejar de ser copias del pasado.

@tlopezmelendez
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde