Opinión

Recompensa divina

En la retribución no hay nada sorpresivo es simplemente das y recibes
25 de febrero de 2026
Opinión.- Muchas personas no logran entender la dimensión de la recompensa divina porque se trabaja pensando en retribución, es decir, das y recibes, pero la dimensión de la recompensa divina es en función a una medida de Dios, no de nosotros.

Cuando eres retribuido, generalmente será conforme a lo que has dado, por ejemplo, cuando eres empleado, tienes claro lo que recibirás final de tu semana, cuando sumes el tiempo invertido en tu jornada de trabajo, a esto se llama retribución.

En la retribución no hay nada sorpresivo es simplemente das y recibes. En la palabra de Dios describe se la retribución en Lucas 6:38 “Den a otros, y Dios les dará a ustedes. Les dará en su bolsa una medida buena, apretada, sacudida y repleta. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les devolverá a ustedes” y también lo encontramos en el libro de Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. En la retribución todo lo que recibimos será proporcional a lo que hayamos dado.

Esto es de valor en cada área de nuestras vidas, porque no podemos cosechar lo que no hemos sembrado, es acá donde recibimos lo que merecemos según nuestras acciones y decisiones, sean buenas o malas, muchos olvidan este principio y tarde o temprano les alcanzará la retribución merecida. No hay injusticia en esto, se le llama retribución.

Pero hay una dimensión que va más allá, donde puedes ser sorprendido con más de lo que has dado, porque la medida de lo que recibes viene de Dios. Es lo que se le llama la recompensa divina. Esta dimensión es para los que se han ejercitado en la milla más, los que se atrevieron a dar más allá de sus fuerzas y provocaron a Dios para que este les responda con mucho más de lo merecido, de lo pedido y de lo sembrado. Lograron activar una dimensión de la gracia, el amor y la compasión de Dios a su favor. Esto también lo podemos encontrar en la palabra de Dios.

Pedro le preguntó a Jesús acerca de esto. Leemos en el libro de Mateo 19:27 “Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, recibiremos?...... vs 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. La recompensa divina supera todo lo que se haya sembrado, simplemente porque Dios es sobreabundante y da más allá de toda medida humana. La vida eterna no podía ser comprada con nada de lo que Pedro pudiera dar porque su valor es eterno, es humanamente imposible, pero esta es la recompensa que Dios prometió a Pedro y a todos los que van más allá con Dios.

La recompensa de Dios siempre está en aquello que no puedes pagar, en aquello que, con todo el dinero, el poder, el trabajo, esfuerzo, sacrificio que se haga no se puede alcanzar, para que no sea Dios debiéndole al hombre sino el hombre debiéndole a Dios.

Cuando hay retribución no hay agradecimiento sincero porque simplemente te lo ganaste, pero cuando se trata de recompensa fluye el agradecimiento, el quebrantamiento de corazón, la sujeción a un amor que dio más de lo merecido, porque fue por gracia y no por obras.
Hay muchos que aún tienen una mentalidad de retribución en su relación con Dios y solo recibirán eso, se pierden la mejor parte, donde Dios juega a sorprenderte con más de lo pedido esperado.

Hay promesas de Dios para los que van una milla más, y promete hacer rebosar, desbordar, más allá de todo entendimiento, “probadme en esto si no abriré las ventanas de los cielos y derramaré toda clase de bendición hasta que sobreabunde”, en Malaquías 3:10b.

Mi consejo final es, no trates a Dios como tratas a cualquier persona, estás ante el dueño y creador de todo, si quieres recibir según lo sembrado, entonces ponle límite a tu generosidad, pero si deseas navegar en las aguas de la sobre abundancia de Dios, déjate llevar, déjalo todo por él y confía, porque ni un vaso de agua que des a un pequeño en el Reino de Dios quedará sin recompensa, y esto lo dijo Jesús, no yo, para que creas que hay más, mucho más de lo que has imaginado, cuando simplemente das sin esperar nada a cambio, entonces Dios pondrá la medida de la recompensa de tu acción, de tu corazón y de tu actitud, el pesará todo, lo pondrá en una balanza y dará conforme a la medida de gracia y de amor.
Yo deseo la recompensa divina ¿y tú?

Ap. Julie de Romero.
Apóstol de la Federación C.C.N en Valencia.
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@ccn.valencia
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde