Si eres de mi generación (más de 50 años), habrás escuchado un refrán popular que dice: “Perro viejo ladra echado”. Hoy te hablaré de esto y de cómo podemos interpretarlo en la física de Newton
Opinión.- Aquí estoy, como cada martes, hasta que Dios lo permita.
Me sorprende lo vigente que están en nuestras vidas las leyes de Newton y cómo pueden enseñarnos a todos los adultos de hoy a lidiar con las ansiedades que tanto daño nos hacen.
Comenzaré con la primera ley, la de la inercia, y así, los próximos martes les entregaré las dos siguientes.
Si eres de mi generación (más de 50 años), habrás escuchado un refrán popular que dice: “Perro viejo ladra echado”. Hoy te hablaré de esto y de cómo podemos interpretarlo en la física de Newton.
Comencemos definiendo la ley de inercia: Todo cuerpo mantiene su estado de reposo o movimiento, a menos que una fuerza externa actúe sobre él.
Imaginemos que se nos cae una pelota y decidimos ir tras ella. Esa decisión podría llevarnos a un desgaste de energía, cuando el resultado final es que, si no interviene ninguna fuerza externa, ella estará en reposo, y justo allí podríamos atraparla. ¿Cuántas veces has ido detrás de cosas que han costado un desgaste enorme de emociones o energías, en cambio si las hubieses dejado que tomaran su tiempo, igual podrías haberlas hecho tuyas?
Por lo general, las personas maduras o con experiencia y buen manejo emocional aprenden que no es necesario ir tras las cosas que les pertenecen y que, en ese momento, se caen. En ocasiones, esas mismas cosas están siendo movidas por elementos externos y ellos saben que solo hay que esperar su momento de inercia para poseerlas.
Hasta la Biblia nos señala la importancia de esperar nuestro momento. En Eclesiastés 3:1 dice: “Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.
Te invito a llevar siempre presente este pasaje bíblico y este principio de la física. Para ayudarte a conseguirlo, te dejo tres recomendaciones que te harán más fácil lograrlo:
1. Practica la espera activa: Si te cuesta quedarte quieto mientras las cosas suceden, prepárate; fórmate en nuevos conocimientos y hábitos. No importa si estás a la espera de la respuesta de un cliente o en la sala de un consultorio. Lo importante es que, para cuando llegue tu momento, estés preparado.
2. Mantén la calma en el presente: Un método efectivo para cultivar la paciencia es concentrarte en el ahora. Usar técnicas como la respiración consciente o la meditación ayudan a disminuir las reacciones precipitadas y a gestionar la ansiedad.
3. Prioriza tus objetivos: Dedica tiempo a conocer lo que realmente es importante. Priorizar las metas le dará el orden que necesita cada acción. Eso sí, hazlo en estado de calma, solo de esa forma minimizarás las decisiones de urgencia.
Ya lo sabes: a partir de este momento, cuando veas una pelota caer, piensa si es más conveniente ir tras ella o esperar su momento de inercia para hacerla tuya con el mínimo esfuerzo.
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