Ahí el Ágora: Refrenando la lengua ( Parte I )
Cuando sujetamos nuestras impulsividades, caminamos en la línea del buen juicio, de lo correcto, de lo amable, de la vida y sus bondades
Opinión.- Refrenar es contener, evitar hablar con violencia, entre otros significados. Refrenando la posibilidad de herir al prójimo aunque no sea amigable con uno. La palabra refrenar encierra variados significados que contiene a su vez el cómo impedir abrir cortadas en el corazón de alguien. Refrenando la lengua es un reto para ganarlo, siempre y cuando haya dominio propio dentro de nuestro ser.
Cuando sujetamos nuestras impulsividades, caminamos en la línea del buen juicio, de lo correcto, de lo amable, de la vida y sus bondades, de la justicia que inmediatamente podemos calcar en el alma de la sociedad, una sociedad que —dicho sea de paso— ha sido muy herida desde la violencia ejercida por no controlar la lengua. Cuando no ponemos frenos a la lengua y comenzamos a decir lo malo, coartamos la posibilidad de avance de una familia o, por lo menos, le ensuciamos el ambiente o atmósfera que se pudo haber labrado con el tiempo y esfuerzo; es decir, con una violencia verbal tumbamos sueños y anulamos posibilidades de reconciliación.
Es un gran tema de siempre, el poder controlar las palabras que se dicen con el pasar de los días. Se ha convertido en un intenso debate, cuando por medio de la boca y la lengua encerramos al olvido, dañamos momentos y reuniones que más bien debieron ser un deleite. Cuántas dosis de venganza salen dirigida por la lengua. Sin embargo, las enseñanzas cristianas que nos resguardan, nos invitan a que, aunque nos ofendan, nos maltraten, tratemos en lo posible responder con palabras de bendición y blandas, y así se le restará la violencia con la que se afiló esa lengua.
La palabra de Dios dice que: “Porque el que quiere amar la vida, y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaños”. I de Pedro Cap 3:10. Sin embargo, anunciadas han estados las fórmulas o las herramientas que nos pueden ayudar para contener los deseos de hablar con denuestos. Las personas no se merecen un mal trato con nuestras palabras y de ningún modo. Aunque alguien, una circunstancia, una mala conducción de algo, te haya herido en una oportunidad, aunque te haya deseado lo malo, está en nosotros, en ser distintos y enviar amabilidad, hablar bendición hacia todos, incluyendo a los enemigos que se levanten.
Cuando deseamos ver vida, gozar de días buenos, debemos hacer uso de la llave o clave que nos lleve a una colina con sus mejores alturas y follajes. Pero para eso debemos ejercitar el refrenar la lengua cada vez que una ofensa me impulse a soltar las palabras con direcciones y nutrientes equivocadas. El salmista en su capítulo 34, habla, refiriéndose al hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien, recibiendo ahí mismo la respuesta inquebrantable y perfecta para lograrlo.
Guardando la lengua (sencillamente), alejarse del engaño. Haciendo esto no con la fuerza humana, sino con la ayuda del Espíritu Santo, de la fe en Cristo (porque solo no podría nadie). La ayuda de Dios puede hacer que nosotros contengamos esa fuerza negativa cuando queremos dar una respuesta desde la óptica de la ira y venganza. Muchas veces cuando nos precipitamos a decir algo, debemos contener las primeras ganas, dejarlas pasar y así pensar de otra manera.
La manera más expedita de cosechar un rebote lleno de mansedumbre, de buenos resultados, es que obedezcamos a una orden universal, tanto para quienes nos aman como para quienes nos odian, y esa orden es refrenar la lengua (queramos o no), no estar pensando en cómo dañar al otro, es la mejor de las referencias.
Sí se puede amigo lector (a), es por aquí la plaza pública comunicacional!
Otrosí o nota: Siguiendo las series puestas en mi corazón por nuestro Padre celestial, en esta faceta de la continuidad, esperemos la II parte de esta entrega que ha sido publicada hoy. I Pedro, una base para aprender de sus consejos. Aprendiendo y obedeciendo para avanzar.