Ahí el Ágora: Procurando excelencia en Cristo (Parte II)
Cuando quieres hacer algo para Dios, cuando quieres agradarle en lo espiritual y en lo terrenal, eso para el Padre es un alto honor que le entregas.
Opinión.- En la primera entrega de la excelencia resaltamos que procurarla no es malo, ni debe hacernos sentir mal. Aunque cometamos los mayores desaciertos en el transitar de la vida, debemos encaminarnos hacia lo mejor, procurar la mejor marca, pero sin hacer sentir o, por lo menos, hacer el intento de no herir a nadie.
Cuando quieres hacer algo para Dios, cuando quieres agradarle en lo espiritual y en lo terrenal, eso para el Padre es un alto honor que le entregas. Empero, no debemos subestimar que aparte del reino celestial, existe otro reino de la oscuridad y este se opone.
Hay una frase asignada a Winston Churchill: “Nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirar piedras a cada perro que ladra”. Sigue adelante a pesar de las críticas, señalamientos, no te desenfoques porque aparezcan en el camino los ladridos de las envidias, de los señalamientos, no apartes tu mirada de la excelencia.
Alguien decía a nadie le gusta ver ojos lindos en cara ajena. Son pocas las personas que sinceramente celebran tus triunfos, pues quédate con ese poco. Normalmente, los odios frontales y disimulados se despiertan cada vez que a tu vida viene el gozo del cielo, cuando alcanzas las victorias. Cuando vienen los éxitos a tu vida debes levantar vallado de protección alrededor de lo que Dios te permite obtener.
Importante que logres las cosas con excelencia; sin embargo, debes tener en cuenta que todo lo que te propongas a alcanzar, hazlo para Dios, para exaltar su nombre y no el tuyo. Colosenses 3:23 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimos, como al Señor, y no a los hombres”. Cuando hacemos lo que hacemos para que Dios sea visto y alabado, Él se convierte verdaderamente en nuestro amo, y las cosas que se tornaban opacas comienzan a tener mejor apariencia, se viste con un brillo espectacular.
Cuando le sirves a Dios fielmente y esforzándote para agradarle con lo mejor, eso se te convierte en recompensa espiritual de manera muy amplia. Dios no solamente trabaja con el orden, sino que también opera con excelencia; por eso nos invita a que todo lo que hagamos lleve explícito el deseo de hacer las cosas con calidad máxima.
Siendo excelente en el hogar aunque haya desencuentros, turbaciones, no importa; lo importante es que se procure la excelencia en las diferentes responsabilidades entregadas. En el trabajo, en la economía, en los servicios, en la iglesia, se debe luchar por alcanzar la superioridad, con Dios y para Dios, lo alcanzarás.
Aunque despierte envidia en otros sin querer, solo porque quieres que las cosas salgan bien, si tu búsqueda de la excelencia es con buen propósito, sigue adelante, no te detengas aunque te ladren. Ahora bien, debes hacer todo con buen ánimo porque Dios te está viendo. Sus ojos están puestos sobre tu humanidad y sobre todos tus movimientos.
Sí se puede amigo lector (a). Es por aquí la plaza pública comunicacional!
Otrosí o nota: El Apóstol Pablo dijo: “Sed imitadores de mí, como yo de Cristo” 1 Cor. 11:1. Seguir los pasos de Cristo, su buen ejemplo, su buena conducta. Es decir, seguir a Cristo es seguir la excelencia.