Dios Padre lo confirma diciendo a Juan para reconocer a su Hijo: “Aquél sobre quien bajara y se posara el Espíritu Santo”. Juan vio al Espíritu Santo descender del cielo y posarse sobre Jesucristo.
San Juan escuchó la voz de Dios Padre cuando dijo de Jesucristo: “Este es mi Hijo amado” (Mt. 3, 17). Juan nos dice también que su bautismo era solo de agua para aquellos que se convertían, pero que Jesús, el Hijo de Dios, nos bautizaría con el Espíritu Santo.
El Sacramento del Bautismo que Jesucristo instituyó, nos purifica del pecado original, nos comunica el Espíritu Santo, nos transforma interiormente y comunica la vida de Dios, por la que somos también, como Jesús, hijos de Dios.
¿Nos damos cuenta de su gran significado? Es decir, que por los méritos de Jesucristo los bautizados somos realmente hijos de Dios... y podemos llamar a Dios, “Padre”.
Debemos recordar la necesidad que tenemos de bautizar a nuestros hijos cuanto antes, para que puedan ser verdaderos hijos de Dios. Es un error posponer el Bautismo, porque no podemos hacer fiesta y si no hay fiesta, no hay Bautismo. O porque el padrino no vive aquí y vendrá quién sabe cuándo. Y la más grave: dejar que el niño decida cuando esté grande si quiere bautizarse o no.
Para alimentar, vacunar o educar a un hijo en tal o cual escuela, ¿se espera para que el niño decida? Pues el Bautismo es para el alma muchísimo más importante que cualquiera de esas cosas que podemos dar a nuestros hijos en el plano material.
Al descuidar o retrasar el Bautismo estamos privando a los niños de gracias inmensas y muy necesarias para su salvación. (cf. CIC #1261).
¿Es necesario el Bautismo para la salvación?
http://www.homilia.org/preguntash/necBautSalvacion.htm