Fue un secuestro. El mundo entero vio cómo, mediante el uso de tecnología militar invasiva y el despliegue de mercenarios Trump ha pasado de las palabras a los misile
Opinión.- Lo que hemos presenciado en los primeros días de 2026 es el acto de barbarie más grande del siglo XXI, una afrenta directa a la violación mortal de cada tratado internacional que alguna vez pretendió regir la convivencia entre las naciones. El imperialismo estadounidense secuestró al presidente constitucional Nicolás Maduro Moros ya la primera combatiente Cilia Flores, lo que marca un antes y un después en la historia de nuestra América y un antecedente terriblemente peligroso para la paz del mundo.
Fue un secuestro. El mundo entero vio cómo, mediante el uso de tecnología militar invasiva y el despliegue de mercenarios Trump ha pasado de las palabras a los misiles. Si el mundo permite que un presidente en funciones sea raptado y llevado a un juicio ilegal en una potencia extranjera, entonces el derecho internacional ha muerto definitivamente.
Han roto la inmunidad soberana de un jefe de Estado, pisotearon la Carta de las Naciones Unidas y asesinaron a sangre fría a más de 100 personas, incluidos hermanos cubanos que resistieron hasta el último aliento.
Hoy, Nicolás Maduro está en Nueva York, no como un acusado, sino como un rehén de guerra. Pero su imagen ante el juez Alvin Hellerstein, erguido y firme, diciendo al mundo: “Soy inocente, soy un hombre decente, sigo siendo presidente de mi país”, es un testimonio de moral revolucionaria.
A su lado, Cilia Flores, quien con su valentía demuestra que en el corazón de la revolución no hay miedo, sino una convicción inquebrantable de que no se vende ni se rinde.
Frente a este vil acto del enemigo, el Estado venezolano respondió con la constitución en la mano y el pueblo en la calle. El juramento de nuestra compañera Delcy Rodríguez como presidenta (E) no es solo un acto avalado por el Tribunal Supremo de Justicia, es la garantía de que el hilo constitucional no se romperá.
Hoy, el respaldo debe ser rotundo hacia el Alto Mando Político Militar que ha asumido el timón en la hora más oscura y que, seguros estamos, no descansarán hasta rescatar a nuestro presidente y garantizar la paz económica y social.
Agradecemos las voces de solidaridad que trascienden fronteras: desde Cuba y Nicaragua hasta Europa y Asia que denuncian esta atrocidad.
Aunque el imperio se frota las manos pensando que ha ganado, se equivoca. Lo que ha hecho es encender una llama de patriotismo que no tiene precedentes. No pude con Chávez en 2002, no pude con Maduro en mil batallas y no podrán con un pueblo que hoy exige justicia. La historia no se escribe en los tribunales de Nueva York; la historia la escribimos nosotros en las calles de Venezuela, en los campos y en las fábricas.
Muestra de ello fueron las multitudinarias concentraciones que se realizaron en todo el país en apoyo al presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores, dejando claro el talante democrático y participativo de nuestro pueblo que, con indignación, ha sido testigo de la violación de nuestra soberanía por parte de un imperio cobarde que solo busca adueñarse de nuestros recursos.
Este sábado en Venezuela, y en especial en Carabobo donde tuvimos concentrados, fuimos testigos de que el bravo pueblo clamó una vez más que ¡Los queremos de vuelta! Y seguimos juntos ¡Por el rescate de nuestro presidente! ¡Por la soberanía de Venezuela! ¡Nosotros venceremos!