El petróleo en las tierras de Bolívar, es venezolano. Cuatro hechos históricos de relevancia en la vida republicana así lo demuestran, por cierto con el sello blanco, para quizás rabia de algunos, pero es la historia
Opinión.- Ante las infames e inoportunas declaraciones del presidente de los Estados Unidos, sobre el derecho que se abroga del petróleo venezolano, AD ha fijado de manera contundente su posición, a través de su secretario general Nacional, Bernabé Gutiérrez.
El petróleo en las tierras de Bolívar, es venezolano. Cuatro hechos históricos de relevancia en la vida republicana así lo demuestran, por cierto con el sello blanco, para quizás rabia de algunos, pero es la historia.
Desde el punto de vista histórico, la política del “Fifty-Fifty” (cincuenta-cincuenta) implementada durante la Junta Revolucionaria del Trienio Adeco, con Rómulo Betancourt al frente, representó un hito fundamental en la política petrolera venezolana y en la relación del país con las compañías petroleras extranjeras.
Hasta ese momento, las concesiones petroleras en Venezuela eran extremadamente favorables para las compañías extranjeras (principalmente estadounidenses y británicas como Standard Oil, Shell, etc.) El país, recibía un porcentaje relativamente bajo de las ganancias totales (a menudo menos del 20 %) a través de impuestos y regalías, mientras que las compañías se llevaban la inmensa mayoría de los beneficios. Generaba una gran disparidad, donde la riqueza petrolera no se traducía en un desarrollo significativo para la nación.
Bajo el liderazgo de Rómulo Betancourt y con la asesoría de figuras claves como Juan Pablo Pérez Alfonzo, el gobierno adeco buscó una distribución más equitativa de las ganancias petroleras. Se promulgó una reforma a la Ley de Impuesto sobre la Renta que estableció el principio del “Fifty-Fifty”. Este principio estipulaba que, después de descontar los costos de producción, las ganancias netas de las empresas petroleras debían ser divididas de manera que el Estado venezolano recibiera al menos el 50 % de las mismas. Esto se lograba principalmente a través de un aumento en los impuestos sobre la renta a las compañías.
Fue un paso crucial para reafirmar la soberanía de Venezuela sobre sus recursos naturales. Por primera vez, el Estado se posicionaba como un socio más equitativo y no solo como un receptor pasivo de regalías. Fue la primera decisión antiimperialista de los venezolanos frente a la pretensión gringa de quedarse con lo nuestro. Esto permitió al gobierno de Betancourt financiar ambiciosos programas de desarrollo social, infraestructura (escuelas, hospitales, carreteras) y diversificación económica que sacaron a Venezuela de la era rural a la urbana. Además, esto permitió un modelo y una inspiración para otros países productores de petróleo, especialmente en el Medio Oriente, que posteriormente buscaron renegociar sus propias concesiones, y obtener una mayor participación en las ganancias. Fue un precursor importante en la búsqueda de un mayor control nacional sobre los recursos petroleros a nivel mundial, que permitiría luego la creación de la OPEP bajo el mando de Juan Pablo Pérez Alfonzo. Esto unió a los países productores de petróleo para defender sus intereses frente a las pretensiones gringas.
No fue solo una reforma fiscal; fue una declaración audaz de independencia económica y un hito que transformó la política petrolera venezolana, marcando el camino para una mayor intervención estatal en la industria y estableciendo un modelo a seguir para otras naciones en vías de desarrollo ricas en recursos naturales. Representó un cambio fundamental de paradigma en la relación entre los países productores de petróleo y las grandes corporaciones transnacionales.
Ahora bien, luego vino la nacionalización del petróleo en el gobierno de Carlos Andrés Pérez (primer mandato, 1974–1979) fue uno de los hitos más importantes de la historia económica y política del país.
El Estado venezolano decidió expropiar las participaciones operativas de las compañías petroleras transnacionales que explotaban el crudo venezolano. Se estableció un régimen de compensaciones a las empresas extranjeras: la expropiación no fue en la práctica una incautación sin pago, sino que se negoció indemnización, emisión de bonos y acuerdos para pagar activos y participaciones ¡Y se pagó hasta el último centavo! Cuando el centavo y la locha tenían valor. Es más, hubo un 7 % más del pago que correspondía, que nunca fue devuelto al país.
Eso generó una incorporación masiva de personal técnico y administrativo venezolano, y programas para capacitación y desarrollo de capacidades locales. Llegamos a tener la industria petrolera más poderosa del mundo, destruida por un pitazo de fiesta infantil.
Fue un acto de soberanía económica y una fuente clave de recursos para la modernización del país en los años 70. Y fue, sin duda, otra decisión antiimperialista de un gobierno adeco.
No quise poner de título el petróleo no es negro sino blanco, para no sonar sectario, pero AD ha defendido la soberanía nacional y petrolera a través del tiempo. Por ello, rechazamos las declaraciones insolentes del gobierno que hoy está al frente de los EE.UU. El petróleo es venezolano y lo defenderemos.
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