Opinión
Vincenzo Caruso: María Corina y Ahmed Chalabi los dos profetas del caos que vendieron mentiras para encender guerras
Y hay políticos que fabrican tragedias para ver si, entre los escombros, encuentran el trono que jamás conquistarían con votos
29 de noviembre de 2025
Opinión.- Hay políticos que se equivocan.

Hay políticos que exageran.

Y hay políticos que fabrican tragedias para ver si, entre los escombros, encuentran el trono que jamás conquistarían con votos.

En esa categoría oscura caben solo dos nombres emblemáticos: Ahmed Chalabi y María Corina Machado.

Dos figuras separadas por miles de kilómetros, pero unidas por la misma pulsión: convertir a su país en tablero de guerra para luego presentarse como la única alternativa entre la ceniza y la ruina.

I. Chalabi: el intelectual del desastre que convenció a un imperio de destruir un país

Ahmed Chalabi pasó a la historia no como un político, sino como una advertencia. Su legado no es una idea, un libro ni una obra pública: es la destrucción casi total de Irak, sembrada a partir de mentiras empaquetadas como «informes de inteligencia».

Chalabi no disparó un arma.

No comandó un tanque.

Pero con sus exageraciones, sus fuentes inventadas y sus relatos diseñados para aterrorizar a Washington, logró algo peor: convenció al imperio de liderar un infierno que todavía quema. Ese es el poder de un operador irresponsable: un solo mentiroso bien conectado puede desatar una guerra que costará generaciones enteras.

II. María Corina: el reflejo venezolano de la misma maquinaria de manipulación

El reciente reportaje del New York Times no hizo más que confirmar lo evidente: María Corina Machado lleva años construyendo un expediente político basado en exagerar, torcer y amplificar peligros, con un solo propósito: provocar presión extranjera sobre Venezuela y venderse como la «salvadora» después del desastre.

Su narrativa está diseñada para encajar con doctrinas ajenas, no con la realidad del país.

Se dirige a Washington, no a Caracas.

Habla para halcones, no para ciudadanos.

Es el mismo libreto de Chalabi: inflar amenazas, dramatizar conflictos, convertir su patria en una “emergencia internacional” para que otros empujen los botones de la presión.

III. La Venezuela que ella necesita en ruinas… pero que está en fiesta

Mientras Machado repite su discurso apocalíptico de «país colapsado», la realidad le responde con una bofetada de luz: Venezuela es alegría, es navidad, es rumba, es vida plena.

Los centros comerciales abarrotados.

Las calles en plena fiesta.

Los conciertos a reventar.

Los partidos de béisbol llenando estadios.

Familias comprando, celebrando, decorando, abrazándose. Las playas llenas.

Venezuela no se hunde ni se paraliza.

Venezuela celebra.

Y esa celebración masiva, espontánea, alegre… es precisamente lo que le duele a María Corina. Porque su narrativa exige un país en ruina permanente.

Un país sin esperanza.

Un país pidiendo auxilio a gritos.

Pero lo que ve hoy es otra cosa: un pueblo que, pese a la presión internacional, pese a la retórica bélica que algunos intentan importar, no cae en provocaciones, no se dobla, no se amarga, no se rinde.

Y eso, para su guion, es insoportable.

IV. Dos estrategias gemelas: la mentira elevada a política

La similitud entre Chalabi y Machado no es casual.

Es estructural.

Metódica.

Casi científica.

• Ambos exageran hasta la caricatura

Chalabi hablaba de «Armas de Destrucción Masiva».

Machado habla de «narco-terrorismo mundial».

• Ambos prometen que una intervención extranjera es la única salida

Uno lo hizo para Irak.

La otra insinúa lo mismo para Venezuela.

• Ambos creen que el caos es un trampolín político

Que mientras más cerca esté su país del colapso, más brillan ellos como “alternativa”.

• Ambos subestiman al pueblo que dicen defender

Chalabi no habló con los iraquíes.

Machado no habla para los venezolanos: habla para un público extranjero que la aplaude desde lejos, sin pagar el costo de las consecuencias.

V. El verdadero peligro: cuando la política deja de ser debate y se convierte en pretexto para intervención

Chalabi demostró que la peor arma es la palabra irresponsable.

Una narrativa malintencionada puede llevar a decisiones estratégicas irreversibles tomadas por actores externos.

Por eso lo de Machado no es retórica fuerte: es riesgo geopolítico real.

No es oposición: es dramatización calculada.

Cuando un político decide que el bienestar de su país es secundario frente a su proyecto personal, la frontera entre el discurso y el desastre se vuelve peligrosamente delgada.

VI. Nicolás Maduro: el líder que mantiene unido al país mientras otros intentan dividirlo

En contraste absoluto con este guion del caos, Venezuela tiene un factor que ni Chalabi ni Machado jamás tuvieron: un liderazgo que mantiene la unidad nacional en los momentos más duros. Nicolás Maduro —líder indiscutible— ha logrado algo que desconcierta a sus adversarios: mantener al país cohesionado, esperanzado y de pie, incluso bajo el bloqueo más brutal que se haya impuesto sobre una nación latinoamericana.

Baila con su carisma inigualable, habla con serenidad, conecta con el pueblo sin intermediarios y contagia alegría incluso en tiempos de presión militar y económica. En vez de vender tragedias, recuperó la economía, tiene al país liderando el crecimiento económico en Latinoamérica, devolvió vida a sectores productivos, y —lo que más sorprende a quienes apuestan al caos— recuperó la seguridad de las calles cuando medio continente enfrenta brutales oleadas de violencia.

Es un liderazgo que no pide intervención, sino trabajo, unidad, paz y alegría. Que no llama al extranjero, sino al pueblo. Y esa diferencia explica por qué Venezuela está celebrando y por qué algunos no soportan verlo, como señala incluso el más reciente artículo de Bloomberg sobre el país.

VII. Venezuela no caerá en el juego de los vendedores de catástrofes

Venezuela ya vio lo que pasa cuando un país se convierte en experimento ajeno. No permitirá que la historia de Irak —destruida por los delirios de un operador sin escrúpulos— se repita bajo otro nombre y otro acento.

Mientras algunos gritan fuego, el pueblo celebra navidad. Mientras algunos piden sanciones o intervenciones, el país se llena de luces, música y familia. Mientras algunos fabrican caos, Venezuela fabrica alegría. Y mientras otros manipulan, Maduro mantiene unido al país, lo anima, lo guía y lo protege.

«Venezuela está viva. Venezuela progresa. Venezuela es segura. Venezuela está de fiesta. Maduro lidera. Y ella… no soporta que la patria cante, viva y siempre amanezca».

Por Vincenzo Caruso.

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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde