Opinión
Mar de Letras: Un velero en la tempestad de los libros
"Los viajes literarios nos alejan de la ignorancia y la barbarie, y nos acercan a un mundo más civilizado"
19 de marzo de 2024
Opinión.- Dificulto que exista una mejor metáfora para referirse a la lectura que la de un pequeño velero navegando un inmenso océano. Abrir un libro es un acto de valentía, en el que el viento de la curiosidad empuja al indefenso lector a un inmenso mar de aguas desconocidas; cada página lo aleja de la costa, hasta que el contorno de las montañas desaparece en el horizonte y no queda alrededor más que agua y cielo.

Y allí, en medio de la nada, avanza el vulnerable marinero. Si escogió una buena ruta —obra y autor— llegará al puerto más cercano habiendo aprendido algo nuevo de la vida. No obstante, tras algún tiempo de navegación, se percata de que las olas que se baten contra su embarcación son cada vez más violentas y que en la lejanía algunas nubes oscuras comienzan a formarse.

Maldice su suerte, aunque sabe que las dificultades confirman que el rumbo es el adecuado y que no está perdiendo su tiempo. Otros hombres de su mismo puerto escogieron aguas mansas y fáciles de transitar, pero aquello no es más que un autoengaño: ¿O acaso se puede ser marinero —lector— sin afrontar la bravura del océano —la literatura— y salir airoso?

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Sin embargo, poco antes de adentrarse en la inminente tormenta, el marinero se da cuenta de algo que amenaza con derrumbar su voluntad de hierro, similar a la del viejo Santiago de Hemingway o el náufrago del ARC Caldas de García Márquez. No ha visto ni siquiera un bote en todo el viaje. Recuerda, con una nostalgia ajena, que en otros tiempos aquellos mares tempestuosos estaban llenos de esplendorosas embarcaciones que iban y venían sin miedo en todas direcciones. Hoy, los marineros que no escogen trayectos sencillos, están muy ocupados en el puerto revisando sus redes sociales.

Las gotas y las palabras caen del cielo con la misma fuerza, y sacuden la conciencia del lector; el velero amenaza con escorar más allá de lo permitido. Tras un par de horas, el marinero domina la situación y la calma se cierne sobre él de nuevo. Levanta la mirada y puede ver una enorme silueta asomarse en el horizonte. Se acerca a las últimas páginas y está a tan solo un par de kilómetros de su destino…

Lamentablemente, los marineros y lectores son cada vez menos frecuentes en el mundo, pero indudablemente no se extinguirán. Los viajes literarios nos alejan de la ignorancia y la barbarie, y nos acercan a un mundo más civilizado; por ello, es importante fomentar la lectura en todos los formatos posibles.

Desde esta columna, haré lo posible por aportar un pequeño granito de arena a través de mis propias experiencias y opiniones, tan triviales y anecdóticas como las de cualquier otro ser humano. Nos leemos el próximo lunes.
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VÍA Ángel Torres
FUENTE Editoría de Notitarde