Opinión
Cita con la Historia: Los Hernández Monagas
"El pasado 26 de agosto se cumplió un año más del nacimiento del padre Juan Antonio Hernández de Monagas"
1 de septiembre de 2023

Opinión.-
El pasado 26 de agosto se cumplió un año más del nacimiento del padre Juan Antonio Hernández de Monagas, ocurrido en 1776. El presbítero es recordado por ser el creador del Colegio de Niñas Educandas y constructor del edificio donde funcionó, hoy capitolio, pero su familia es digna de recordar por mucho más. La casa de los Hernández Monagas quedaba frente a la Plaza Sucre, antes Plaza Guzmán Blanco y mucho antes, Plaza de los franciscanos. Esta mansión colonial, levantada en la antigua Calle Real, hoy Colombia, es una de las pocas muestras de arquitectura verdaderamente de la época hispana, junto con la casa de los Celis y la Casa de La Estrella, antiguo Hospital de Caridad. Estas tres edificaciones son las más antiguas de la ciudad. Hoy funciona allí la “Escuela de Teatro “Ramón Zapata”.

De los hermanos Hernández Monagas conocemos cinco: Juan Antonio y Carlos, sacerdotes, José María que destacó como militar a favor del rey en la guerra de independencia y las dos hermanas: María del Rosario y María Francisca. Eran hijos de un próspero ganadero de San Carlos llamado Carlos Miguel Hernández de Monagas y Salazar. Fueron muy ricos y propietarios de casas y haciendas. Carlos fue asesinado una noche cuando inspeccionaba la construcción de la iglesia Candelaria, posiblemente por venganza, ya que no lo robaron. De eso escribiremos en otra parte.
 
Juan Antonio, un hombre muy interesado en la educación: A principios del siglo XIX, época en que las pocas escuelas eran exclusivamente para los varones, junto a su hermano Carlos y el sacerdote Juan José Rodríguez Felipes

construyeron, con sus propios recursos, un soberbio edifico para la educación de las jovencitas: era el llamado “Colegio de Niñas Educandas” con un convento anexo, el Beaterio de Carmelitas. Las chicas que allí estudiaban recibían la mejor educación que para la época: lectura, escritura, aritmética, gramática castellana y francesa, música, dibujo, urbanidad, elementos de geografía e historia, bordado e higiene doméstica. Como podemos ver, una educación bastante completa.
 
Tanto era el respeto que inspiraba Hernández Monagas, que cuando Bóves tomó y saqueó Valencia, cometiendo toda clase de desmanes y violaciones, respetó el la Colegio de las Niñas.
 
En 1847, ya anciano, el presbítero Hernández Monagas solicitó que, al ocurrir su muerte, sus restos fueran inhumados en el presbiterio de la iglesia del Beaterio de las Carmelitas Descalzas, donde él mismo había hecho construir un sepulcro. El gran educador carabobeño quería tener su última morada en el colegio que fue siempre su gran pasión. El gobierno de la provincia de Carabobo, en atención a los méritos del sacerdote cumplió con su solicitud. El presbítero murió en 1858.

En 1874 durante el gobierno de Guzmán Blanco, furibundo anticlerical, el gobierno expropió el colegio y el convento y por un corto tiempo instaló allí la escuela laica para niñas. Después se destinó el edificio para diversos fines, entre ellos sede de los poderes públicos, por mucho tiempo funcionaron allí la presidencia del estado, la Asamblea Legislativa y los Tribunales. También el Colegio de Abogados tuvo allí su sede y hasta la Escuela de Derecho funcionó en una pieza del majestuoso local. Hoy lo conocemos como el capitolio y es la sede de la gobernación.

De José María podemos decir que fue defensor del rey hasta tiempos de la campaña de Carabobo, cuando lo encontramos enfrentándose a las tropas de Bermúdez en la batalla del Rodeo, cerca de Guatire en mayo de 1821 y días después gobernador político y militar de Caracas, por unos pocos días. Allí le perdimos la pista.
 
Los Hernández Monagas, especialmente Juan Antonio, fueron bienhechores de la ciudad, promotores de la educación y del progreso físico de Valencia. Deberían ser recordados por sus ejecutorias, pero ni una calle, o plaza lleva su nombre.


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VÍA NT
FUENTE Luis Heraclio Medina Canelón