Hablar de propósito es referirnos a aquello por lo cual se vive, la razón que impulsa las decisiones. La palabra propósito viene del latín “propositum” que significa “poner hacia adelante” refiriéndose a algo que se coloca como guía
Opinión.- Hablar de propósito es referirnos a aquello por lo cual se vive, la razón que impulsa las decisiones. La palabra propósito viene del latín “propositum” que significa “poner hacia adelante” refiriéndose a algo que se coloca como guía. Muchos expresan tener un propósito, una razón por la cual vivir, esto es valioso porque los seres humanos nacimos para vivir por un propósito. Algunos han llamado propósito a cosas o metas que no ofrecen una visión realmente inspiradora.
Los propósitos más elevados, generan la mayor satisfacción posible, dan un sentido mucho mayor para vivir, elevan el alma y generan trascendencia.
Estos propósitos son inspirados por Dios, quien pone el querer como el hacer para su buena voluntad en el corazón de los hombres. La Biblia dice que Dios hizo todas las cosas con propósito conforme a su voluntad eterna, que es buena, agradable y perfecta, por lo que ese deseo de trascendencia es parte de esa naturaleza divina y de esa inspiración celestial.
Cuando Moisés nació, había una sentencia de muerte para cada niño varón, pero su mamá vio a través de los ojos de Dios, el propósito de ese niño se adelantó al momento crítico y se atrevió a mirar hacia delante. El propósito divino es más grande que la situación momentánea. Ella se dejó llevar por ese impulso y cuidó a quien sería el libertador de la nación de Israel. Cuando no lo pudo cuidar más, tuvo que ponerlo en el Río Nilo y el propósito se cuidó a sí mismo, guiándolo directamente a la hija de faraón, quien también lo vio hermoso, lleno de vida y futuro.
Aunque sucedieron muchas cosas en la vida de Moisés, el propósito de Dios prevaleció y un día en el desierto, frente a una zarza ardiente en fuego, el propósito eterno se reveló a su vida. Él siempre supo que no era igual a los demás, que había algo diferente en él, pero fue ese día, cuando el propósito le mostró su misión, su destino, entendió su historia, quién era y para qué había nacido.
Fue entonces cuando encontró el coraje para enfrentar al faraón, para sentenciar a Egipto, de donde había salido lleno de temor por su vida. Ahora, podía enfrentar aquello que antes le perseguía. El propósito de Dios en su vida le dio la valentía para no huir ni esconderse más, ahora sabía que estaba cumpliendo cabalmente la voluntad de Dios, sentía su respaldo y la seguridad de su presencia.
Hay un propósito eterno que va más allá de nuestros días, es alto, sublime, exige la intervención de Dios, te saca de una vida cíclica y vacía. La clave de Moisés fue haberle creído a Dios ese día frente a la zarza. El propósito eterno lo despertó, le dio sentido para vivir y lo hizo trascendente.
Los errores no limitan al propósito de Dios. Moisés cometió muchos errores que lo llevaron a un desierto, haciendo cosas que nunca pensó hacer, hubo una época que le era inimaginable llegar a ser un pastor de ovejas, era un príncipe. Pero a pesar de sus errores el propósito de Dios no caducó, lo buscó, lo levantó, le enseñó a ver, a creer, le devolvió la esperanza, lo sacó de la pérdida, del olvido y del fracaso.
Este es el poder del propósito de Dios, transforma a quien lo descubre, lo acepta y abraza. Dios escribió grandes cosas acerca de ti antes de tu nacimiento, te predestinó con propósito eterno, que es más grande que tu propia vida. Hoy te encuentra, te invita a salir del desierto, donde tú mismo te metiste y decirle a Dios heme aquí, que se cumpla tu propósito en mí.
En la Biblia está escrito lo siguiente de parte de Dios. No te dejaré hasta que haya cumplido todo lo que hablé acerca de ti. ¿Le Crees?... ¿quién quieres ser? ¿El Moisés en el desierto cuidando ovejas presadas? O el Moisés que aceptó que a pesar de sus fallas y errores había un propósito, un llamado y una misión de parte de Dios, que le cambió su vida y le dio trascendencia.
¡No vivas por copias baratas del propósito eterno!, te dejarán a mitad de camino, lo de Dios es más grande que tu mismo, vive por el propósito eterno.
Apóstol Julie de Romero
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