Ahí el Ágora: Simón, hijo de Jonás (II Parte)
Opinión

Ahí el Ágora: Simón, hijo de Jonás (II Parte)

Dios muchas veces afincará su amor ágape, sencillamente porque nos ama tal como somos, aunque fallemos, siempre la tendencia es a abrigarnos con su amor imperturbable
29 de septiembre de 2026
Opinión.- Le vuelve a decir la segunda vez, Simón, hijo de Jonás, me amas? La interrogante de nuestro Señor en esta oportunidad suprime lo que dijo anteriormente (versículo de arriba, el 15) —me amas más que estos— aún cuando se usa las mismas palabras griegas pesada o fuerte “agapao” que refleja el amor puro. Sirviendo así para eliminar de Pedro la soberbia o arrogancia.

Dios muchas veces afincará su amor ágape, sencillamente porque nos ama tal como somos, aunque fallemos, siempre la tendencia es a abrigarnos con su amor imperturbable. El Señor primero opera en volar la arrogancia que muchas veces va caminando con nosotros por años.

“Le responde: sí, Señor; tú sabes que te amo”. Juan. 21:16. El discípulo Pedro sigue usando el verbo griego “fileo”. Aquí, Simón, hijo de Jonás, valora que viene mostrando amor desde un punto de vista amistoso o muy cariñoso (no es malo y no genera problema). Sin embargo, sabe que su confianza está en el Señor para recibir de Él amor genuino, puro y sin mácula, un amor que no se paraliza por la barrera de la carne.

Si bien es cierto que muchos dan amor, el desarrollo de ese amor debe ser con mayor responsabilidad cuando se trata del cuidado de un personal, una familia o de las ovejas del redil. El amor sincero y comprometido es medido por nuestro hacedor de maravillas.

“Le dice, apacienta mis ovejas”; aquí ya no son corderos, hablamos de personas o creyentes un poco más fuertes y comprometidos con los asuntos del cielo.

Para que entendamos respecto al cuidado de las ovejas o cualquier otro personal, el o los líderes deben entender que hay niveles de atención. Dios se asegura de madurarte el corazón para delegarte una responsabilidad delicada, que es llevarle refrigerios espirituales a seres humanos.

Versiones bíblicas reflejan las posiciones de las palabras “apacentar y pastorear” en orden distintos; sin embargo, cuando se trata del mismo propósito y visión (amar las almas completamente), el orden del factor no altera nada, porque ambas palabras denotan la guianza en la que se deben reflejar los pasos espirituales de las ovejas y discípulos.

El fin último, es enseñar y alimentar.
La importancia siempre será la manera, forma y fondo de cómo orientamos las almas sedientas del Señor. El líder principal de una membresía —o quienes hagan sus veces— deben alinear las enseñanzas, tal cual como la refleja la palabra de Dios; ahí está la única e interminable fuente de agua que quita la sed. Jesús, siendo el verbo, es quien saciará las vidas y no cualquiera que quiera tomarse esa bandera. Solo el Maestro merece toda adoración y reconocimientos.

Dios es amor, 1 de Ju 4:8. El llamado es a amar. Si de verdad conocemos a Dios, se nos haría más sencillo y accesible el afecto hacia el prójimo. Si creemos conocer al creador de los cielos y la tierra, sabemos de sus atributos y le respetamos. Cuando podemos, en función del amor celestial, un amor “agapao” servirle a otros para que formen parte de la invitación que hace el Rey de Reyes a participar del plan de Salvación; entonces siendo así, podemos asumir responsabilidades de cuidado. Por eso, el Señor nos pregunta: ¿me amas? Sí se puede amigo lector (a); es por aquí la plaza pública comunicacional.

Otrosí o nota: Seguimos orando y seguiremos pidiendo al Padre de las luces que ilumine a los responsables de liderar las correcciones de los servicios públicos. Queremos mejoras reales en la electricidad, en el servicio del agua, en el gas, transporte público; es decir, con la ayuda del Señor y encomendando todo a Él, al Pastor de los Pastores (Cristo) podemos alcanzar la ciudad que deseamos. 
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde