Cita con la historia: Microhistoria: las antiguas areperas valencianas
Opinión

Cita con la historia: Microhistoria: las antiguas areperas valencianas

Nos contaba nuestro amigo y maestro César Dao Colina, cronista taurino e historiador, y conocedor de los hechos que aquí narro, porque los vivió, que la primera o una de las primeras areperas creadas en Valencia fue en el llamado “Dancing Stadium Bar”
25 de septiembre de 2026
Opinión.- La microhistoria es un enfoque de la investigación histórica que, en lugar de analizar los grandes acontecimientos, imperios o vastos procesos globales, reduce drásticamente la escala de observación para examinar de cerca acontecimientos pequeños, documentos locales o la vida de individuos comunes y corrientes. Entre ellos están las costumbres de la alimentación.

La semana pasada escribimos algo sobre la arepa, principal alimento venezolano desde tiempos inmemoriales. Quizás el único o uno de los pocos platos típicos y exclusivamente valencianos es una arepa: “la arepa de chencho”. En Carabobo tenemos muchas muestras gastronómicas propias de cada población: el queso de Belén, el casabe de Tocuyito, las panelas de San Joaquín, las empanadas de cazón de El Palito, etc., pero de Valencia creemos que las arepas de chencho son la exclusividad… ¿pero de dónde vienen?

Nos contaba nuestro amigo y maestro César Dao Colina, cronista taurino e historiador, y conocedor de los hechos que aquí narro, porque los vivió, que la primera o una de las primeras areperas creadas en Valencia fue en el llamado “Dancing Stadium Bar”. Sucede que a finales de los treinta, en La Alegría, donde hoy se levanta el Stadium Misael Delgado se construyó el primer stadium de Valencia, el llamado “Stadium Municipal”. Era una modesta construcción, de tablas y hierro, pero que era suficiente para la pequeña población. Al pie de este coso se instaló un local familiar llamado “Dancing Stadium Bar”, donde las familias acudían a comer y refrescarse. Sería más o menos donde hoy está el estacionamiento del “Misael Delgado”.

El propietario del novedoso establecimiento era Rafael Leonardo Cruces, quien con su abuela Joaquina, su hija Petra y sus sobrinos: Renato, José Antonio y José Joaquín Cruces atendían el negocio. Las arepas no eran de harina pan (eso todavía no existía), sino de maíz pilado, hechas en fogón y las raspaban con un vidrio para quitarle la concha demasiado quemada. Trabajando desde las cuatro de la madrugada en la calle Plaza preparaban seis enormes cestas de mimbre con treinta arepas cada cesta, ya listas, las llevaban hasta el “Stadium”. Cada cesta costaba dos bolívares con cincuenta, cinco reales. Todos estos datos se los debemos al Dr. Luis Cruces Torrealba, por intermedio de César Dao, a quien le damos desde aquí nuestro más profundo agradecimiento, ya que gracias a él rescatamos del olvido estas anécdotas y estos personajes.

Cuando había juegos de béisbol había que duplicar la cantidad de arepas para el gentío, público cautivo del negocio. Pieza clave en ese establecimiento fue su administrador, el señor Pedro José Pérez Valera, de Trujillo, “Perecito”.
 
Recuerda Dao, que por las mesas del “Stadium” pasaron muchos parroquianos del ayer, engullendo sus arepas, tales como Andrés Eloy Blanco, René De Sola, Buroz Arismendi, Alfredo Paz Paz, Braulio Salazar, Manuel Feo La Cruz, Diego Breña, Dr. Sanda, Hnos. Branger, Celis Pérez, Ramón Carta, Napoleón Malpica, Hnos. Ramos, Chocho Pacheco y hasta mis profesores de la Facultad de Derecho José Luis Bonemaison y José Rodríguez U.

Luego, para 1955 se construyó, muy lejos, el fastuoso estadio José Bernardo Pérez y se fue abandonando el Municipal, hasta que a principios de los 60 fue demolido para dar paso al nuevo estadium Misael Delgado, por lo que el “Dancing Stadium Bar” también fue demolido. Pérez regresó a la capital.
Al poco tiempo Pérez volvió a Valencia y en las inmediaciones estableció su propio negocio, llamado “Fuente de Soda Perecito”, donde se hicieron famosas las arepas de chencho, que no son otra cosa que una arepa tostada rellena de pernil mechado, tomate y cuajada, las que junto con otros platillos, como el “bistec de hombre” y el “hígado encebollado” hicieron célebre al negocio.
 
De tiempos pasados recordamos otras areperas célebres íntimamente vinculadas a la valencianidad: “Mayantigo”, en una esquina de la Avenida Bolívar en Las Acacias, “La Francia”, en la av. Bolívar con Cedeño, “La Coruña”, en el centro, “La 24”, en la 24 de Junio, el “D’Anauco”, el excéntrico “Juan El Eléctrico” en la Soublette y más recientemente “El Arepazo Criollo”, si mal no recuerdo en av. Bolívar con Arismendi.

@luishmedinac
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Luis Heraclio Medina C.