Silver Cápsulas: El que espera certeza llega tarde a la oportunidad
Opinión

Silver Cápsulas: El que espera certeza llega tarde a la oportunidad

Es importante estudiar los resultados que, a finales de la década de 1960 y durante los años 70, Martin Seligman, junto a su colega Steven F. Maier, descubrió
15 de septiembre de 2026
Opinión.- Recuerdo la etapa de mi vida en la que pude haber tenido la mayor productividad económica (entre los 25 y 45 años). Esos años abarcaron desde el inicio de la década de los 90 hasta 2015. Eso es pasado, y no lo puedo comparar con el contexto socioeconómico que se avecina para todos los venezolanos en los próximos diez años. Aunque me toca vivirlo con otra edad, la experiencia acumulada y las condiciones actuales permiten no solo desarrollar mi conocimiento, sino reconectar con un mundo que, fuera de nuestras fronteras, evolucionó a una velocidad mayor que la que nuestras circunstancias permitieron. Es decir, las mejores condiciones de los últimos 40 años están hoy presentes frente a mis ojos y también ante los tuyos.

Esto lo expreso con fundamento, porque los nacidos entre los 70, 80 y 90 vivimos el coletazo del mayor periodo de crecimiento en la economía venezolana que comenzó en 1940. Te lo explico: después de estallar la Segunda Guerra Mundial, nuestro país se convirtió en el proveedor más seguro de petróleo para Estados Unidos, lo que significó cuantiosos ingresos que permitieron la transición de una Venezuela rural a una moderna. Fueron 30 años de desarrollo en infraestructura, educación, comunicaciones, entre otros. Esa época representó el crecimiento más largo y sostenido del PIB de Venezuela. Paradójicamente, ese crecimiento llegó a su fin en la década de los 70 (coincidencialmente la misma década cuando se nacionalizó el petróleo). Creció el tamaño del estado, lo que incrementó el gasto público y condujo a las primeras devaluaciones (el “viernes negro”), altas tasas de inflación y todo lo que la mayoría de los venezolanos hemos vivido a lo largo de los años.

El impacto de las políticas públicas ha cambiado nuestra sociedad, y hoy es necesario despertar para aprovechar las oportunidades que se nos presentan antes de que otros lo hagan por nosotros.

Son muchas las ocasiones en que recibo puntos de vista distintos al positivismo; hay personas escépticas que creen que lo bueno no está por suceder. No quiero ser ingenuo y minimizar la adversidad en el camino, pero insisto, sin temor a dudas, que las oportunidades son mayores que los riesgos.
Entonces, si eso es así, ¿qué pasa con el venezolano que aún vive en el escepticismo?

Es importante estudiar los resultados que, a finales de la década de 1960 y durante los años 70, Martin Seligman, junto a su colega Steven F. Maier, descubrió. Ellos demostraron que cuando los seres vivos son sometidos a situaciones dolorosas o adversas de manera incontrolable, terminan por “aprender” que no pueden hacer nada para cambiar su realidad, adoptando una postura pasiva e indiferente.

Muchos venezolanos están afectados por este fenómeno social, y quiero que este espacio se convierta en una cruzada por el despertar del optimismo, un concepto también estudiado por Seligman. Estos estudios demuestran que el optimismo no es innato, sino una habilidad que el cerebro puede desarrollar con entrenamiento.

Te propongo un ejercicio para identificar la interpretación que le das a los problemas en cinco pasos, conocido como la técnica del ABCDE:
1. Adversidad: El evento difícil que ocurre.
2. Creencia: La explicación automática que le damos al evento.
3. Consecuencia: La emoción o conducta resultante de esa creencia.
4. Disputa: El esfuerzo por cuestionar y debatir esa creencia negativa.
5. Energización: El estado de ánimo y vitalidad que surge al cambiar el pensamiento.

Para cambiar tu postura, te sugiero cinco acciones:
1. Identifica el diálogo interno: Presta atención a cuándo esperas lo peor y anota esos pensamientos para analizarlos de forma objetiva.
2. Practica la gratitud: Escribe cada día las cosas positivas o pequeños detalles que han salido bien para entrenar la atención en lo bueno.
3. Rodéate de optimismo: Comparte tiempo con personas con una actitud positiva que frenen la inercia de la queja constante.
4. Enfócate en la acción: Ocupa tu mente en actividades completas que requieran tu atención plena para reducir la rumiación mental.
5. Busca apoyo profesional: Considera acudir a un psicólogo para trabajar con herramientas como la terapia cognitivo-conductual.
Con todo lo anterior, la invitación es a cambiar la actitud ante el futuro y actuar en lo que haces. Solo así materializarás hoy lo que otros harán por ti en un futuro cercano. Actúa, no esperes certezas.

Si deseas conectar con oportunidades para tu evolución, contáctame al email: economíaplateada@luisantonioyanez.com.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Luis Antonio Yánez