Ahí el Ágora: Fuerzas y poder (Parte II)
Opinión

Ahí el Ágora: Fuerzas y poder (Parte II)

Solo en Jesús podemos recuperarnos, podemos renovarnos para seguir avanzando. No hay fuerzas terrenales ilimitadas, todas estas se vencen y desaparecen
15 de septiembre de 2026
Opinión.- El evangelio de Cristo no solo te imparte poder, sino que lo hace con excelencia. El evangelio per se, es poder de Dios (Rom 1:16), no hay espacio dubitativo para reconocer y entender que su origen es divino. No hay que vacilar para aceptar su fuente de poder que regenera.
 
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. (II Cor 4;7). Es oportuno recordarnos quiénes somos, y porqué muchas veces se pretende ocupar un espacio que le pertenece al Todopoderoso. El hombre, (entiéndase una gran mayoría de los seres humanos), se arrogan una potestad que solo le pertenece a Él.

La forma indebida como muchos actúan desde el ego dañado y, desde esa pretensión de grandeza usurpan los atributos y la soberanía de Dios. Desconociendo así, que solo el poder y excelencia le pertenece al Creador. Nadie puede arrogarse ni creerse dueño de las maravillas celestiales, de la verdadera paz y del dominio que solo le pertenece al que es tres veces santo.

Cuando un seguidor de Cristo o alguien que pudiera estar ajeno a los asuntos del reino de los cielos, se encuentre agobiado, sin ninguna fuerza, que haya tenido mucho contratiempos en el reloj de la vida, es bueno que acudan y acudamos al que solo puede darnos de sus fuerzas eternas, de su excelencia, se llama Jesús.
 
“ Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en el poder de su fuerza (fortaleza)” Ef. 6:10. Podemos observar aquí, la simbiosis bíblica y lingüística. Tanto el poder como las fuerzas que proviene de Dios actúa de forma ineluctable, una unión que permanece siempre. Por eso que tanto las fuerzas y el poder están entrelazados en nosostros los creyentes, para arriba y para abajo se mueve, aunque hayan momentos turbulentos.
 
Dios nos manda a que nos fortalezcamos en Él, que coloquemos nuestra fe en la cruz. Ese poder que viene del cielo, siempre estará a la orden del día para nosotros, siempre entendamos que dentro de nuestro ser mora el Espíritu Santo. Debemos asumir que nuestro continuo fortalecimiento viene de la persona del Espíritu Santo. Cuando tus fuerzas disminuyan, cuando tengas tribulaciones y desgaste, clama al Dios de las alturas.
 
Sabemos de los tiempos muy difíciles que vivimos en muchos aspectos y alrededor de las mayorías de las naciones. Venezuela no escapa de todo este proceso incómodo. Una economía menguada, los servicios públicos con serios problemas, anarquía política, es decir, tiempos fuertes. Pero recordemos que Dios puede darnos de su excelencia, de su poder. Cristo es quien nos fortalece para continuar la batalla dentro y fuera de nuestro país.
 
Solo en Jesús podemos recuperarnos, podemos renovarnos para seguir avanzando. No hay fuerzas terrenales ilimitadas, todas estas se vencen y desaparecen. Pero las fuerzas y el poder que da Dios, permanecen para triunfar y sortear todos los escombros que son tropiezos, todos los obstáculos serán superados, solo con lo que nos darán desde los cielos. Las fuerzas que vienen de Dios jamás se reducen, por el contrario, se ensanchan.
¡Sí se puede amigo lector (a), es por aquí la plaza pública comunicacional!

Otrosí o nota: Es hora de levantar bandera a favor de los más desposeídos, de las almas perniquebradas. Si somos iglesia debemos salir de las tibiezas, de las comodidades que dan las paredes y los banquitos, para ir hasta el necesitado verdaderamente y hacer el auténtico trabajo espiritual y social. Salgamos en amor por ellos.

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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Lister Monteverde