Arnaldo Rojas: Reír a la orilla del Nilo
Opinión

Arnaldo Rojas: Reír a la orilla del Nilo

Según los expertos, este tipo de representaciones formarían parte de un concepto conocido como “mundo al revés” o “inversión del orden”
12 de septiembre de 2026
Opinión.- Parece algo obvio que todo el mundo se ríe (de algo, de los demás, de sí mismo…), por lo que el humor se puede considerar inherente al ser humano. Entonces cabe preguntarse, ¿De qué se reían nuestros antepasados en la antigüedad? Resulta que recientes descubrimientos arqueológicos revelan que la risa, la sátira y el absurdo estaban muy presentes en la cultura del antiguo Egipto, con hallazgos como dibujos o caricaturas que nos demuestran que sí, que los egipcios tenían un gran sentido del humor.
 
Este tipo de manifestaciones aparecen principalmente en soportes sencillos como los óstracos (fragmentos de piedra o cerámica donde se escribía o dibujaba) descubiertos en Deir el-Medina, el poblado de los constructores de las tumbas del Valle de los Reyes o en algunos documentos como el Papiro de Turín. Cabe destacar que estas manifestaciones eran cultivadas por las clases populares, los trabajadores, tal vez como una manera de expresar su inconformidad ante su situación de desigualdad y opresión.
 
Es interesante notar el contraste entre los grandes monumentos, estatuas y dibujos de los faraones y las clases altas, todos serios y solemnes, mientras que en el arte popular del antiguo Egipto las figuras aparecen sonrientes y burlonas, muchas veces mofándose de los poderosos. Eso sí, con mucho ingenio para burlar la censura, valiéndose de animales para dejar colar sus burlas.
 
Uno de los episodios más curiosos se encuentra en el Papiro de Turín, datado hacia el siglo XII a.C., donde el desconocido artista representó a una serie de animales comportándose como seres humanos: ratones armados asedian un fuerte defendido por gatos, un grupo de burros toca instrumentos musicales (como un arpa), unos fieros leones sirven copas de vino a unas gacelas en lugar de atacarlas y unos gatos salen abanicando a unos ratones (los abanicos solo podían usarlos las clases altas).

Según los expertos, este tipo de representaciones formarían parte de un concepto conocido como “mundo al revés” o “inversión del orden”, escenas donde el débil actúa como el fuerte y viceversa. Esa “inversión del orden” sería para algunos egiptólogos una especie de desahogo o vía de escape en una sociedad como la egipcia, absolutamente jerarquizada. Esto implica que los antiguos egipcios tenían la capacidad de mofarse de los roles sociales establecidos ¿y por qué no de imaginar un mundo distinto?

Un ejemplo de sátira cruda, casi cruel, es la conocida como Sátira de los Oficios. Se trata de un texto datado en el Reino Medio en el que un escriba llamado Dua-Hety acompaña a su hijo Pepy a la escuela de administración real y por el camino va enumerando al joven las terribles condiciones laborales de los trabajadores. Un texto que apela a la ironía cruel para hacer una denuncia social. Del herrero, dice: “He visto al herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como garras de cocodrilo y apesta más que las huevas de pescado”. Sobre el fogonero: “Los dedos del fogonero están sucios. Su olor es el de los cadáveres. Sus ojos están inflamados por la intensidad del humo”.
 
Otro ejemplo es el Cuento del Campesino Elocuente, una gran obra de la literatura de esta época, en el cual parece reírse de las instituciones y de las diferencias sociales. La gracia de la historia está en el hecho de que un simple campesino (ya hemos visto que mal la pasaban las profesiones manuales en la Sátira de los oficios) es un magnífico orador, capaz de decirles “cuatro cosas” a las autoridades cuando son injustas, con elegancia y soltura.
El cuento tiene un toque de asombroso dramatismo, ya que el propio faraón, maravillado de la elocuencia del campesino, decide mejorar las condiciones del pobre hombre, solo para disfrutar durante más tiempo de sus hermosos discursos (por cierto, muy parecida a la historia de Jose en la Biblia).

También se han descubierto algunas obras en las que el humor adopta un tono bastante más irreverente. Y es que, aunque nos pueda parecer extraño, ni siquiera los dioses se libraban de ser blanco de burlas. Se les muestra protagonizando escenas casi ridículas e incluso escatológicas (luchando, tendiéndose trampas e incluso siendo humillados sexualmente por el contrario), son piezas irreverentes y subversivas.
 
Podemos concluir que la gran distancia temporal que existe entre los antiguos egipcios y nosotros y la cantidad de textos e ilustraciones humorísticos que se han conservado (que sin duda son una pequeña parte de la producción total en la historia milenaria del País del Nilo) hacen muy difícil realizar una valoración exacta de cómo y de qué se reían estas personas. Pero no cabe duda de que lo hacían, y mucho y de muchas cosas. Y, seguramente, a pesar de las innegables diferencias culturales y temporales que existen entre la antigua cultura faraónica y la nuestra del siglo XXI, estaríamos de acuerdo en que todos podríamos encontrar graciosas las mismas situaciones en algunos casos (o incluso en muchos).
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Arnaldo Rojas