El Espíritu Santo ejemplifica y toma el águila como referencia de rejuvenecimiento, El águila con regularidad toma brillo sobre sus alas, renovándose en su aspecto
Opinión.- Todos los seres humanos en un momento de su transitar en la vida, se cansan. Nos cansamos porque sencillamente somos seres limitados. Hay situaciones en todos sus niveles que nos agobian, que nos quitan las fuerzas, por ejemplo, en la casa, en el trabajo, en la universidad, aún en los lugares donde luchamos con personas con diferentes caracteres, así sea que estén dentro de una iglesia.
Lo importante de todos los momentos de cansancio es que nos damos cuenta que servimos a un Dios que no se cansa. Quien da refrigerio nos renueva el alma. El Padre Celestial es la fuente genuina que nos provee todas las fuerzas y revive las ganas de seguir avanzando en las millas.
Basta con ir a su presencia. Cuando el cansancio es muy fuerte, es agudo, se activan las alarmas en nuestra salud, porque se altera directamente los niveles del cortisol y comenzamos a tener desbalance en nuestra biología, el sueño se altera, el estrés comienza a golpear; es decir, se ve afectado nuestro desenvolvimiento, haciendo menguar todo rendimiento.
Pero cuando vamos a los pies de Cristo, cuando entendemos que estamos edificado en la Roca (Jesús), todo cansancio comienza a replegarse. Nuestro Señor se lleva todo lo que no nos deje terminar proyectos, se lleva todo aquello que, por no tener las fuerzas suficientes, no concretamos lo agendado.
El profeta dice: Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. (Is.40:29). Si se te acabaron las fuerzas y no posees nada que te haga avanzar porque el cansancio hasta el momento te ha ganado la partida, Dios te la devuelve, porque Él tiene sobreabundantes fuerzas para impartírtela ya, tremenda promesa que se cumple.
Lo de estar cansado no está limitado solamente a personas muy adultas o de la tercera edad, sino que también los jóvenes, aunque sean vigorosos, también pueden trastabillar, producto del cansancio pueden caer. (Is. 40:30). Esto me habla o recuerda que somos seres con limitaciones, somos simples mortales que dependemos de Dios.
Sin embargo, Dios nos invita a esperar en Él; por supuesto que esa espera no es en vano. Si nosotros aprendemos que esperar en las promesas del cielo sastiface nuestras demandas, no tendremos problemas. Tendremos fuerzas nuevas, levantaremos las alas como águilas, correremos y no nos cansaremos. Is. 40:31. En la versión del hebreo original, la palabra “esperar” es cavá, y eso es atar, torcer.
Si nosotros genuinamente estamos esperando al Señor, estamos buscando su rostro constantemente ( no por rato ). Esta acción de perseverancia será la que nos alineará con Él para poder así hacer su voluntad. No habrá pecado ni demonios que se acerque a ti. Si pides las fuerzas a Dios las tinieblas serán torcidas, serán atadas.
El Espíritu Santo ejemplifica y toma el águila como referencia de rejuvenecimiento, El águila con regularidad toma brillo sobre sus alas, renovándose en su aspecto. Si nosotros le creemos al Altísimo, que nos exhorta a esperar en su actuación sobrenatural, El mismo Señor es quien nos renovará por dentro y por fuera. Seguir avanzando y con fuerzas nuevas dependerá cuán cerca estamos del Eterno.
Sí se puede amigo lector (a); es por aquí la plaza pública comunicacional.
Otrosí o nota: Si Dios lo permite, la próxima entrega —en su segunda parte— veremos y entenderemos la simbiosis que el Señor usa en su palabra para mostrarnos que las fuerzas y el poder pueden trabajar juntos para Él, favoreciendo así a la humanidad. Seguimos orando por comunidades en donde su población es muy vulnerable, sectores como La Rosa y Valle Verde en el municipio Juan José Mora. Seguimos orando por esas familias que han visto la cara cruel de la injusticia; también estamos orando por todas las familias que tienen algún miembro con serios problemas de conducta, para que sea Dios obrando desde sus infinitas misericordias.